18 de noviembre 2015 - 00:00

“Para escribir necesito una certeza emocional”

Simonetti: “‘Jardín’ es una trasmutación literaria de un hecho realmente ocurrido que tiene a mi madre como centro. Me gusta hablar de lugares que conozco o experiencias que he vivido”.
Simonetti: “‘Jardín’ es una trasmutación literaria de un hecho realmente ocurrido que tiene a mi madre como centro. Me gusta hablar de lugares que conozco o experiencias que he vivido”.
 "Un jardín puede ser una metáfora de la identidad, un territorio que uno construye a partir de lo que le fue dado y lo que uno eligió, comenta el escritor chileno Pablo Simonetti como una de las vertiertes de su nouvelle "Jardín", que publicó Alfaguara. Si bien se recibió de ingeniero en la Universidad Católica de Chile y obtuvo un máster en Ingeniería Económica de la Universidad de Stanford, a partir de los 35 años se dedicó a a la literatura y al año siguiente ganó el Concurso Nacional de Cuentos de la revista "Paula", que integró a su libro "Vidas vulnerables". Su primera novela "Madre que estás en los cielos", fue un sostenido best seller en su país y ha sido traducida a varias lenguas. A ella siguieron "La razón de los amantes", "La barrera del pudor" y "La soberbia juventud". En su breve visita a Buenos Aires dialogamos con Simonetti sobre su nueva obra.

Periodista: El jardín como paisaje de una historia tiene una larga tradición literaria, ¿cómo aparece en usted?

Pablo Simonetti:
En medio de los días previos al de la conmemoración de los 40 años del golpe de Pinochet, donde por primera vez se hizo una revisión histórica de esa época todo lo dura que se debía, me llamó un amigo pintor para avisarme que estaban empezando a echar abajo la que había sido la casa de mi familia, la casa de mi infancia. Estaba en un barrio donde van tumbando las casas para construir edificios. La noticia me impresionó. Por la noche fui a comer con un amigo director de teatro que me dice: vi una puesta de "El jardín de los cerezos" preciosa. En ese instante se me hizo la novela. En aquella casa mi madre, que era paisajista y escribió libros sobre jardines, tenía un jardín hermoso. La casa demolida y la inolvidable obra de Chejov hizo rebrotar en mí el dolor que significó para mi madre abandonar su jardín. Ese recuerdo cobró un sentido simbólico en medio de esa revisión histórica por las pérdidas que trajo la dictadura. Casas, barrios, jardines fueron desapareciendo, un mundo cultural fue arrasado por un concepto del capitalismo que hemos pagado todos. Perdimos formas de vida que nos resultaban abrazadoras. Barrios que integraba gente de todos los orígenes, de todas las clases. El aprecio llega tarde, cuando esos lugares son un sentimiento de algo que se ha perdido. Yo recobré el gusto por el jardín a los 40 años, de un día para otro. Lo sentí como una herencia. Y es una herencia rara.

P.: ¿Por qué siente eso?

P.S.:
Porque se puede heredar el gusto por el jardín pero no se puede heredar algo que se debe abandonar. Mi madre cuando tuvo que dejar la casa intentó trasladarlo, repartir las plantas. Pero el jardín es un concepto inmaterial que se materializa en un lugar, y para darlo en herencia, para entregarlo a otro espacio, hay que destruirlo. Ese fue el gran dolor de quien lo hizo ser.

P.: Una mansión que está siendo destruida, en la novela "La casa" de Mujica Láinez, cuenta el apogeo y decadencia de la que ella es símbolo- de una familia aristocrática criolla.

P.S.:
En mi novela quien narra la historia es uno de los tres hijos de Luisa, la viuda de 76 años que debe abandonar la casa donde vivió con su marido, donde hizo crecer a sus chicos, y a ese jardín que es su motivo de orgullo. Un jardín se debe cuidar, dedicarle tiempo, podar, desmalezar. Es un lugar donde uno se entrega a la contemplación. Tiene mucho de representación de la identidad propia. "Jardín" no trata de la decadencia de una familia acomodada. En mi país la clase alta no cayó ni en poder político ni en poder económico, todo lo contrario. Lo que sucedió es que la evolución económica llevó a apoderarse de barrios de casas de clase media para convertirlos en barrios de edificios altos. "Jardín" trata del conflicto familiar que surge cuando hacen una oferta millonaria por la casa. En "El jardín de los cerezos" la familia pierde el lugar por indolencia, porque les da vergüenza pedirle dinero a la tía rica, viven una nostalgia invalidante que no les permite actuar, y siguen en la fiesta, y "qué tristeza que voy a perder esto pero me voy a París y apagaré las penas con champán". Acaso hay algo en común con "La casa" de Mujica Láinez. En mi novela, Luisa se ve arrancada de su jardín y arranca las plantas para llevárselas con ella. No hay la indolencia decadente de una clase que no termina de comprender el valor de sus privilegios. Es la confrontación de dos formas de pensar la ciudad que no tienen punto de encuentro: la lucha entre la especulación inmobiliaria y la vida de la gente. Entre el arraigo, el echar raíces, y el desarraigo. La vida doméstica tiene un lenguaje, y la especulación, otro. Uno habla de calidad de vida y valores, el otro de réditos y beneficios. Es algo que pasa hoy en todas las grandes ciudades.

P.: Desde su primera novela, "Madre que estás en los cielos", libro que le dedicó a su madre, que había muerto, la figura materna ha tenido un lugar importante en su obra. ¿"Jardín" tiene como sus otras obras una raíz autobiográfica?

P.S.:
Tiene mucho de autobiográfico. Esta novela es una trasmutación literaria de un hecho realmente ocurrido que tiene a mi madre como centro. Me gusta hablar de lugares que conozco o experiencias que he vivido. Para escribir necesito una certeza emocional, un conjunto de imágenes. Mi madre siempre fue un personaje de novela que nos legó una herencia cultural. La madre en mi novela ocupa ese lugar donde se atemperan las fuerzas de la familia, la energía paterna, las ambiciones de los hijos. Está donde los conflictos se apaciguan y encuentran un cauce común. No tiene poder, pero a veces puede crearse un poder destructivo. El poder decisorio se lo llevó el padre a la tumba, y pasó al hijo mayor, que decide la venta de la casa. Quise describir la mecánica de fuerzas en el interior de una familia. Los dos hijos varones no se pelean por el pedazo de tierra, por la casa, por las plantas, están de acuerdo que hay que vender; se pelean por el amor de la madre. Y la madre con su "hagan lo que ustedes quieran" para no generar conflicto, termina por generarlo. La ambivalencia de la madre descontrola a los hijos.

P.: En "La soberbia juventud" usted contaba el despertar gay de un muchacho de clase alta, en "Jardín" el narrador se sabe que es gay por datos al pasar.

P.S.:
En "La soberbia juventud" eran las dificultades de un joven de una familia tradicional católica. Hay gente aún muy cerrada. En Chile tenemos una aristocracia bastante cargada a la derecha, al catolicismo más conservador, de los Legionarios, del Opus Dei. En "Jardín" ése no era el problema. Mi novio siempre me dice: el problema no siempre eres tú. La novela tenía al principio capítulos sobre cada uno de los hijos. Entre ellos, uno dedicado a las relaciones de Juan con su novio. Todo eso lo saque porque lo central era la relación de la madre con los tres hijos y las tensiones entre ellos. En Chile hemos tenido un proceso de normalización, de inclusión de la elección sexual bastante rápido. Familias a las que les costó enfrentar el tema hoy lo ven con la mayor naturalidad. De cualquier manera hay un residuo del pasado en esta novela. La madre acepta completamente a su hijo gay, le dice "qué bueno que puedas tener tu vida y ser feliz"; pero a Franco, el hermano mayor, aún le complica la vida que eligió Juan, porque en un momento dado le dice: "no voy a dejar que hagas sufrir a nuestra madre nunca más", le está echando en cara que el hecho de que Juan sea gay significó un sufrimiento para la madre. Hay un encono en Franco, que no podemos tildar de homofóbico, debido a que Juan le muestra que la vida puede ser totalmente distinta a como él la ve. Eso le molesta mucho, le resulta muy incómodo. Franco busca mirar hacia adelante, tiende a negar la herencia, el pasado, a aceptar la diversidad de su familia. Lo que quedó atrás es un peso, hacia delante está la liberación. Juan, al reconocerse, reconoce su historia y a los que lo rodean; sabe que la herencia, el pasado, no son cosas gratuitas, que dan valor a su persona.

P.: ¿Ahora qué está escribiendo?

P.S.:
"Jardín" es una nouvelle que tiene la tensión de un cuento largo, ahora estoy escribiendo una novela larga, de época. Pasa en los años 80 y 90. Es centralmente la relación de un hijo con su padre. Es curioso, ahora que tengo 53 años, la edad me hizo sentir más cercano a mi padre. Lo he sentido a él, los problemas que tuvo que enfrentar y superar en la vida, y sus fragilidades. Los tiempos de Allende, de Pinochet, sus enfermedades. Y la relación con este hijo con el que no se llevaba. Los años traen la conciencia de que ya no se es invulnerable. Mi primer libro, que es de cuentos, se llama "Vidas vulnerables", ahora me siento vulnerable al modo de mi padre, y no tanto ya al modo de mí madre.

Entrevista de Máximo Soto

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