31 de marzo 2009 - 00:00

Para las fans de Solís, no alcanzan 4 Luna Parks

El multipremiado cantautor mexicano Marco Antonio Solís está cerrando su larga gira argentina con cuatro recitales en el Luna Park, como siempre, para público mayoritariamente femenino.
El multipremiado cantautor mexicano Marco Antonio Solís está cerrando su larga gira argentina con cuatro recitales en el Luna Park, como siempre, para público mayoritariamente femenino.
Presentación de «No molestar». Marco Antonio Solís, con orquesta. (Luna Park, 27 y 28 de marzo; repite 1 y 2 de abril).
Hay cifras que sorprenden. El mexicano Marco Antonio Solís ha recolectado montones de discos de oro y platino, y hasta dos discos de diamante (por la venta de un millón de copias de un solo trabajo en menos de un año); recibió todos los premios que tiene la industria (Grammy, Gaviota de plata y oro, revista Billboard, Sociedad de Autores de EE.UU., etc); y, según su gacetilla de prensa, en 30 años de carrera, lleva vendida la impresionante cifra de 100 millones de discos.
Argentina no quedó ajena al curioso fenómeno; muy por el contrario. Visitante relativamente habitual de nuestro país, esta vez hizo una larga gira por distintas ciudades que arrancó a fines de febrero y que está culminando con cuatro conciertos en el Luna Park. Antes que Buenos Aires, Río Grande, Río Gallegos, Caleta Olivia, Puerto Madryn, Comodoro Rivadavia, Neuquén, Mendoza, Córdoba y Villa María fueron testigos de la enorme popularidad de este cantautor que, para no perder la costumbre, acaba de recibir un disco de oro argentino por las ventas de su más reciente CD «No molestar» (mientras sigue recibiendo otros premios por sus álbumes anteriores).
Frente a la imagen de miles de mujeres en toda América Latina enloquecidas con él y con sus canciones, frente a un Luna Park que desborda de público femenino de toda edad enfervorizado, se hace imprescindible buscar una explicación para semejante respuesta masiva.
Marco Antonio Solís es un hombre de aspecto setentista (melena y «ambo», barba recortada) y una pulcritud que es marca registrada. Sus canciones son una mezcla de boleros mexicanos con baladas a la usanza de tantos otros cantantes latinos. Las melodías no terminan de definir claramente un estilo personal, y las letras tienen el amor como tema prácticamente excluyente. Como cantante, no es un virtuoso; tiene una voz pequeña que, sin embargo, sabe usar muy bien y jamás pierde, tampoco en ese aspecto, su prolijidad. Y el respaldo sonoro es el de una orquesta enorme, mezcla de mexicanos y argentinos -cuyos nombres no importan demasiado, al punto de que ni siquiera aparecen publicados en el programa de mano-, que suena como tantos organismos internacionalizados, y con un director de cuerdas que más parece un bailarín que un conductor musical.
El repertorio de los conciertos del Luna Park, como sucediera en otros puntos del país, tienen varias de sus canciones más exitosas: «Si no te hubieras ido», «Invéntame», «El peor de mis fracasos», «Mi eterno amor secreto», «Dónde estará mi primavera», «Dios bendiga siempre a nuestro amor», «Tu nombre perfecto», «O me voy o te vas», etcétera. Y no faltan, claro, varias de las piezas de Los Bukis -el grupo que formó en los 80-, como «En un rato más», «Aquella mujer bonita», «Tu cárcel» y «Cómo fui a enamorarme de ti».
Su enorme éxito quizá se deba al enorme trabajo que le pone a lo que hace -no es habitual, por caso, que un artista de su repercusión se embarque en una gira como la que él acaba de hacer- y, sobre todo, a eso tan inasible, tan inexplicable que se suele llamar carisma.

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