26 de enero 2011 - 00:00

Peligroso: Hizbulá impone un aliado para gobernar Líbano

Simpatizantes del Gobierno libanés depuesto se manifestaron ayer en Beirut y otras ciudades contra el nombramiento del millonario sunita Nayib Mikati como primer ministro. Crece la influencia del grupo proiraní Hizbulá.
Simpatizantes del Gobierno libanés depuesto se manifestaron ayer en Beirut y otras ciudades contra el nombramiento del millonario sunita Nayib Mikati como primer ministro. Crece la influencia del grupo proiraní Hizbulá.
Beirut - Un aliado candidato del movimiento chiita Hizbulá, el multimillonario sunita Nayib Mikati, recibió ayer el encargo de formar el futuro Gobierno del Líbano, un nombramiento que cayó mal a Estados Unidos y que fue denunciado por su rival Saad Hariri, cuyos partidarios se manifestaron incluso violentamente.

Este nombramiento es consecuencia de la caída del Gobierno Hariri por la dimisión el 12 de enero de los ministros del bloque del Hizbulá (Partido de Dios).

Ese partido y milicia chiita, aliado de Irán, es hostil a la investigación del Tribunal Especial para el Líbano (TEL) encargado de juzgar a los responsables del asesinato del ex primer ministro y padre de Saad, Rafic Hariri.

La designación de Mikati permitirá a Hizbulá controlar el Gobierno.

En Washington, la secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton recibió con desagrado la noticia.

«Estamos observando de cerca y de manera cuidadosa la situación en el Líbano. La formación del Gobierno solamente ha comenzado», señaló la jefa de la diplomacia estadounidense. «Cuando veamos cómo será ese nuevo Gobierno, entonces lo valoraremos debidamente», añadió, aunque no se privó de dejar una advertencia: «Un Gobierno controlado por Hizbulá tendría claramente un impacto en nuestra relación bilateral con el Líbano».

Por su parte, la jefa de la diplomacia de la Unión Europea, Catherine Ashton, llamó a Mikati a formar su Gobierno buscando «el consenso más amplio posible» y «de plena conformidad con la Constitución».

Aunque su perfil es más bien técnico que político, un primer ministro como Mitaki, apoyado por el partido chiita, hace temer a Occidente la formación de un Gobierno afín a Irán. La crisis política proyecta el espectro de la violencia confesional de mayo de 2008, cuando los combates entre sunitas y chiitas dejaron un centenar de muertos y llevaron al país una vez más al borde de la guerra civil.

La coalición de Hariri tenía el control del Parlamento desde las legislativas de 2009, pero con el cambio de los aliados del sunita Mikati y de los del líder druso Walid Jumblat, es el bloque del Hizbulá el que tiene ahora el control.

Apoyado por Siria e Irán y considerado un grupo terrorista por Washington, Hizbulá prevé ser condenado por el TEL junto con el régimen de Damasco y trató sin éxito de obtener que Saad Hariri desaprobara esa investigación.

Nayib Mikati, de 55 años, magnate de las telecomunicaciones y cuya fortuna alcanza los 2.500 millones de dólares, según la revista Forbes, deberá enfrentar ahora el delicado problema del TEL.

Hizbulá quiere que el Gobierno cese toda cooperación con el TEL, suspendiendo el financiamiento libanés y retirando los jueces libaneses.

Esta designación «no es una victoria de un campo sobre el otro. Es la victoria de la reconciliación», dijo Mikati después de reunirse con el presidente Michel Suleiman, que promulgó el decreto de su nombramiento.

El líder de Hizbulá, Hasan Nasralá, llamó al bloque de Hariri a participar en el gabinete que formará el nuevo primer ministro.

«Los libaneses tienen una verdadera posibilidad de unirse sobre una base de ni vencedores ni vencidos», declaró en un discurso transmitido por pantalla gigante ante miles de partidarios en Baalbeck (este).

«El próximo Gobierno no será el del Hizbulá ni será conducido por Hizbulá. No queremos ni el poder ni el Gobierno», aseguró Nasralá.

El campo de Hariri afirmó que boicoteará todo gabinete dirigido por un candidato del movimiento chiita.

El anuncio de este nombramiento fue precedido por manifestaciones convocadas por los partidarios de Hariri, donde se acusó al Partido de Dios de haber dado un golpe de Estado.

En Trípoli, la gran ciudad del norte y feudo sunita donde las escuelas y comercios estuvieron cerrados, una multitud enardecida atacó e incendió un camión de exteriores de la cadena de televisión qatarí Al Jazeera, considerada afín a Hizbulá.

En Saida y en Beirut los partidarios de Hariri quemaron neumáticos y contenedores de basura y bloquearon las rutas.

Mikati, que mantiene buenas relaciones con Siria, país que tutelaba el Líbano, obtuvo el apoyo de 68 diputados sobre un total de 128. El cargo de primer ministro está reservado por tradición a la comunidad sunita en el Líbano.

Agencias AFP, DPA y EFE

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