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Peligroso: sólo promesas alientan fiesta en Wall St.
Desde mediados del año pasado hasta febrero los mercados hicieron un rally apoyados en los argumentos de organismos internacionales y la opinión de los economistas del mercado financiero de que Estados Unidos y Europa habían salido de la crisis y estaban en recuperación. Luego, si bien todos comenzaron a advertir que la recuperación no llegaba, las Bolsas siguieron creciendo con altibajos unos meses más, porque las mismas fuentes afirmaban que no había peligro de recesión y que si bien el escenario era complejo, las políticas estaban bien encaminadas y se iba a salir adelante.
Pero hace dos meses que el lenguaje es diferente. Se habla de que Europa es «una casa incendiada de la cual se han perdido las llaves», que debe evitarse «una reacción en cadena del sistema bancario», que la recesión ya ha comenzado en EE.UU. y no sólo se está extendiendo por toda Europa. Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo, reconoció que se está frente a una crisis sistémica.
El problema del desempleo se agrava o perpetúa, y los indicadores hablan de retroceso en los débiles índices de crecimiento. Pero no hay que engañarse, no es ello lo que preocupa a los economistas del establishment. Sólo sirve de argumento para poner en marcha la segunda ola de salvatajes al sistema financiero, que el FMI considera imperiosa y calcula en 200.000 millones de euros aunque todos saben que podría ser mucho más.
El problema es que no hay de dónde sacar ese dinero porque ya se ha gastado la munición disponible: no hay recursos fiscales y si se apela a más emisión, la crisis llega por la explosión del precio de las materias primas y las presiones inflacionarias. Entonces nada mejor que ganar tiempo: afirmar en público que el salvataje se está elaborando, para permitir que el juego continúe unas ruedas más. Ése fue el resultado de la reunión de los premiers de Francia y Alemania del fin de semana. Y también de esa manera concluyeron los últimos anuncios del titular de la Reserva Federal, Ben Bernanke. Se busca que la fiesta continúe mientras se siguen postergando las políticas de fondo: que realicen la pérdida los que perdieron y se pongan todos los recursos disponibles en reconstruir el mercado y la actividad productiva.
Pero por ahora, el juego continúa. Con la promesa de que van a salvar a la banca europea, Wall Street festejó la semana pasada. Sin embargo, la fiesta no fue muy significativa. Los precios de las acciones apenas son los que se habían alcanzado un año atrás y se mantienen con pocas variantes en los últimos tres meses. Todo el rally bursátil que se desarrolló desde mediados del año pasado hasta mediados de éste quedó en la nada y demostró no tener justificación. Las falsas expectativas permitieron que el Dow Jones buscara un nivel cercano a los 13.000 puntos, lejos todavía de los 14.000 de 2007, pero atractivo aún -pese al tiempo y la inflación transcurrida en 4 años- porque a ese indicador se lo había visto en el peor momento de 2008 por debajo de los 7.000. Pero hace ya tres meses que volvió a girar alrededor de los 11.000/11.500 puntos luego de perder en pocas ruedas más de 1.000 puntos y se sostiene allí sólo por la reiteración de promesas de nuevas inyecciones monetarias de la Reserva Federal o ahora del Banco Central Europeo. No hay expectativas reales de crecimiento económico ni de mejora en el nivel del empleo. Lo que despierta el optimismo en Wall Street son las sugerencias del presidente de la Reserva Federal que va a emitir fondos para alimentar a los mercados. Y el optimismo no llega muy lejos cuando se advierte que hay restricciones políticas o economías para seguir alimentando las Bolsas cada vez más dependiente de la emisión monetaria.
Por supuesto que salvatajes y expectativas tienden a postergar la recesión, alimentando burbujas especulativas. Pero la puesta en marcha del crecimiento es imposible mientras se siga contrayendo el gasto público y especialmente el gasto social, se posterguen políticas de redistribución del ingreso y se mantenga un orden financiero que sólo favorece a la especulación.
El problema no es sólo Europa y las dificultades para hacer una política en la zona euro. Los Premios Nobel Paul Krugman y Joseph Stiglitz no se cansan de advertir que la política fiscal que han impuesto los republicanos en el Congreso norteamericano y Obama ha aceptado, lleva inexorablemente a la recesión. Son muchos los analistas que afirman que la recesión en EE.UU. ya comenzó. No hay real política anticíclica para detenerla. El titular de la Reserva Federal, Ben Bernanke, se llena la boca hablando de desempleo, pero es consciente de que la emisión a través de la compra de bonos y la política de tasas 0 lo único que pueden lograr es lubricar el circuito financiero, evitar el desplome de Wall Street, pero no implica mejora sustentable en la marcha de la actividad productiva. De todas formas, la opinión republicana la limita para seguir emitiendo.


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