28 de noviembre 2008 - 00:00

Pese al conflicto gremial, volvió la ópera al Argentino

La versión de la ópera de Offenbach que cierra el año delTeatro Argentino de La Plata supera las expectativas ytambién el conflicto que aún se mantiene.
La versión de la ópera de Offenbach que cierra el año del Teatro Argentino de La Plata supera las expectativas y también el conflicto que aún se mantiene.
«Los cuentos de Hoffmann». Mús.: J. Offenbach. Lib: J. Barbier. Dir. mus.: F. García Vigil. Régie: C. Palacios. Esc.: N. Boni. Vest.: M. Tofi. Ilum.: G. Lorente. Dir. coro: S. Giai. Orq. y Coro Estables (Teatro Argentino. Repite: 30/11).

El Teatro Argentino de La Plata, concluyó su temporada lírica 2008, sin que la sangre llegara al río. Todo se había desarrollado armoniosamente hasta que en octubre estalló un conflicto con el Coro Estable, que motivó la suspensión del anteúltimo título del año: «Nabucco», de Verdi. Aún no superadas las diferencias entre la dirección del teatro oficial y el Coro (de hecho, antes de la función tres coreutas leyeron un comunicado en el que aclaraban que pese a que el conflicto sigue, cantarían de todas formas en consideración al público) se representó el último título de 2008, la ópera fantástica de Offenbach, «Los cuentos de Hoffmann».

La nueva producción de esta compleja ópera vista en La Plata superó las expectativas. A las órdenes del maestro uruguayo Federico García Vigil, a cargo de la dirección musical, la Orquesta Estable respondió con una interpretación ajustada en el aspecto técnico y momentos de plena musicalidad. Hubo buen balance, y la concertación con el amplio espectro de voces en el escenario no presentó dificultades. Dinámica en toda su extensión la versión del director sólo pareció estancarse en las largas interrupciones entre acto y acto y en las pausas entre prólogo y primer acto y tercer acto y epílogo.

Carlos Palacios jugó con la fantasía y la imaginación que pide la bella ópera de Offenbach, creando una régie ágil, de aliento teatral y códigos personales y algo estrambóticos, en ocasiones, como los acróbatas en el prólogo o el macabro entierro de instrumentos musicales en el acto de Antonia. En general su puesta tiene una concepción escénica de gran plasticidad, aún con los adornos de plástico y acrílico del acto de Olimpia, más aptos para el music-hall que para una ópera francesa de aristas refinadas como la de Offenbach. La escenografía de Nicolás Boni, el vestuario de Mariano Toffi y la iluminación de Gabriel Lorenti aportan, en general, belleza al todo.

El Coro Estable cantó con algunas dificultades rítmicas al comenzar esta representación y luego fue mejorando con la guía de Sergio Giai. En el extenso reparto hay de todo. Lo mejor: Paula Almerares, una Antonia de exquisito canto y buen desempeño escénico.

Laura Rizzo, también entre lo mejor, dota de buena coloratura y simpatía a la muñeca, aunque con un traje y una caracterización imposibles. Alicia Cecotti aporta sensualidad y la belleza de su figura a Giulietta. El Hoffmann de Marcelo Puente es insuficiente, quizá porque el rol excede sus actuales condiciones vocales. Tiene apropiado « physique du rol», pero su voz no es la adecuada para el lirismo del personaje al que siempre cantó con esfuerzo meritorio. Quizás con el tiempo y el estudio podrá redondear una caracterización justa del atribulado poeta.

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