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Pese al título, la música es excelente

Salvo su título, un chiste que resulta un poco obtuso, todo en este disco de jazz es excelente. El guitarrista Patricio Carpossi armó una gran banda para tocar algunos clásicos de Miles Davis y Thelonius Monk, con arreglos propios originales y contundentes, pero lo que llama la atención son algunos de los temas compuestos por él mismo, algunos con resultados sorprendentes.
El CD abre con una concisa versión de «Milestones», y si bien la guitarra abre el tema, los arreglos ponen todo el énfasis en el saxo tenor de Natalio Sued y la trompeta de Sergio Wagner, ambos con una precision y buen gusto destacables. En segundo lugar viene uno de los mejores temas del disco «Amsterdam», composición de Carpossi donde despuntan el contrabajo y la batería de los hermanos Hernán y Fermín Merlo, mientras que la guitarra se combina con los vientos en los fraseos, todo con grandes resultados.
«La corvina rebelde» sigue con este nivel sólido y parejo, a veces con arreglos muy imaginativos, como en el caso de «Evidence» de Monk y «Alone Came Betty» de Benny Golson. Pero la sorpresa llega en los dos temas finales del álbum, «Maybe» y «El clu», dos fabulosas construcciones climáticas que se separan del estilo de jazz moderno conocido del resto de los tracks hacia algo más experimental, con sonidos de guitarra distorsionada que quizá parta del John McLaughlin del «Bitches Brew» de Miles Davis para ir a una dirección propia, con algo de rock y música ambient. Si el rock argentino brilló con Pescado Rabioso, el jazz tiene esta Corvina alegre, aunque la música de Carpossi es mucho más melancólica e inteligente de lo que sugiere el título.
Diego Curubeto

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