22 de septiembre 2009 - 00:00

Pintores-arquitectos exponen en la Bienal de Buenos Aires

Obra de Clorindo Testa, uno de los cuatro relevantes pintores-  arquitectos locales que expondrán sus pinturas paralelamente a la realización de la XII Bienal Internacional de Arquitectura.
Obra de Clorindo Testa, uno de los cuatro relevantes pintores- arquitectos locales que expondrán sus pinturas paralelamente a la realización de la XII Bienal Internacional de Arquitectura.
Cuatro pintores-arquitectos Federico Aja Espil, Jacques Bedel, Justo Solsona y Clorindo Testa expondrán sus pinturas en la galería Agalma.arte (Arroyo 882), dirigida por Ricardo Pérez Taboada, en ocasión de la visita a Buenos Aires de alrededor de cincuenta singulares profesionales a la Bienal Internacional de Arquitectura.

La primera inquietud que guía los diseños arquitectónicos de Aja Espil es la de emplazar sus obras sin romper con el entorno urbano y, a la vez, sin dejar de lado su decisión creativa, sin omitir las marcas de su estilo. Es la equivalencia, en materia de arquitectura urbanística, de elaboración continua de la ciudad, de lo que el escritor francés Stendhal denominaba «le mot juste» (la palabra justa), clave de sus novelas y sus narraciones. Pero «le mot juste» era, para Stendhal, mucho más que el término que correspondía en cada caso: era el equilibrio de toda su operatoria de escritor, el balance necesario y eficiente entre la ejecución literaria y la comprensión de ella por el lector. Aja Espil trabaja en la búsqueda de un diseño justo, y así son sus pinturas.

Bedel comenzó su obra con proyecciones múltiples de sombras en color, pero su preocupación era crear objetos que se reflejaran y que también valiesen por sí mismos cuando cesaran las luces. De estas búsquedas fue testimonio su primera exposición en la galería Pizarro, en 1967. Luego de desarrollar esferas y cubos dentro de cuerpos geométricos, se inició en el terreno de la escultura, utilizando el acero inoxidable: un metal que le permitió trabajos de mayor tamaño. Le interesaba operar con grandes planos reflejantes procurando que la obra desapareciese visualmente al proyectar lo que la rodeaba.

Un hito en su producción fueron los Libros: objetos tridimensionales con paisajes, ruinas, restos, y una representación no familiar para el espectador. La oposición libro cerrado/libro abierto era además portadora de múltiples sentidos (serie Ciudades del Plata). Su serie Verbum recomponía el interminable diálogo entre el hombre y lo Absoluto. En otra serie de rollos Ignis, sugería las formas extremas que podría llegar a investir lo Absoluto en su relación con el hombre. Partió de los gráficos que indicaban la onda de emisión de la gran llamarada y la intensidad de la energía, cuando el laboratorio espacial Skylab registró una poderosa explosión solar. Bedel recodificó esas experiencias. En su obra «Aproximación a la maldad», representó a una nube que fagocitaba a otra, continuando con sus propuestas vinculadas al espacio y al infinito. En sus obras no hay misticismo ni fin teológico, sino interés por la interminable empresa del ser humano por saber de sí y de su destino.

Solsona, uno de los contados grandes arquitectos argentinos, tiene también una reconocida trayectoria como pintor. Sus imágenes se caracterizan porque aunque no son proyectos ni dibujos de arquitectura y no surgen explícitamente de su profesión, se vinculan con ella. No pinta con pinceles sino que utiliza escobas y acumula gran cantidad de materia sobre las telas en las que insiste con el color negro. En «Agua pesada» representa al hombre con una boca de labios muy rojos y sobre ella, como metáfora del hombre cuya saliva pintada en azul, alude al «agua pesada», un elemento que los alemanes durante la Segunda Guerra obtenían en Suecia y era el insumo clave e indispensable para la fabricación de bombas.

El clima que generan estas telas está relacionado con paisajes que materializan la crisis actual. Por ello, las pinturas de Solsona se conectan con el neoexpresionismo representado, entre otras figuras, por artistas como Yves Klein o Hans Hartung, el artista alemán cuya accidentada biografía reflejaba la notable inquietud de la época. Realizó su primera exposición en Dresde en 1931. Luego, tuvo problemas con la Gestapo cuando Hitler llegó al poder, y ayudado para abandonar el país, se convirtió como otros artistas en un pintor de París. Hartung plasmó sus pinceladas en la superficie como formas negativas y oscuras nubes de color que se extendían por la tela. En este artista como en Solsona, que también escribe, surge muy marcada su sensibilidad por la literatura.

Testa es el más creativo de los arquitectos argentinos. Trabaja desde 1952 en la arquitectura y en la pintura con igual maestría, proyectando edificios que son algo más que objetos de consumo: a través de sus diseños muestra su potencia como creador de ideas.

Desde «Mediciones» (1972), sus muestras individuales son, por así decirlo, temáticas y predeterminadas; no expone lo que ha creado en los últimos tiempos sino crea lo que ha de exhibir en fechas venideras. Por eso podemos hablar de series: en rigor, son capítulos de la autobiografía que viene articulando. Y aun aquellas obras que aporta a las muestras colectivas se insertan en la misma narración, como los «Graffitti españoles» (1986), el «Gliptodonte» (1988), «El Espejito Dorado» (1990), «La fiebre amarilla» (1991) y «Explosión» (1992). Esta modalidad de trabajo, tan cercana a la del arquitecto -quien diseña a partir de un programa-, no hace sino confirmar nuestra teoría acerca del carácter autobiográfico de su obra: relator y relatado.

Los títulos de su serie «Repeticiones» no necesitan comentario: «Aquí estoy», «Estoy riendo», «Estoy llorando», «Estoy pensando», «Estoy dormido», «Estoy vivo», «Estoy muerto», «Ab Infinitum». La serie se completa con el díptico «Esta es mi casa», representación de un techo modesto, casi inexistente, sobre el cual se apoyan, inclinadas sobre la pared de la galería, estacas de madera que descansan en el piso.

El espacio donde Testa está riendo, llorando y viviendo, bajo el techo sostenido por maderas -la más sencilla morada del hombre-, es el sitio del artista y el arquitecto, en el tiempo autobiográfico en que se construye a sí mismo y a todos los seres humanos de este mundo, el suyo.

Tanto Clorindo Testa como Jacques Bedel integraron el Grupo CAYC que ganó el Gran Premio de la Bienal de San Pablo. Fueron los únicos latinoamericanos que obtuvieron esa máxima distinción.

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