13 de diciembre 2017 - 00:00

Poissant: del paraíso animal a la animalidad de los humanos

Acaba de aparecer en castellano su opera prima. El narrador de Georgia visitó el país para el último Filba, cuando habló con este diario.

Poissant. Su libro “El cielo de los animales” figuró casi de inmediato en la lista de los mejores títulos del año.”
Poissant. Su libro “El cielo de los animales” figuró casi de inmediato en la lista de los mejores títulos del año.”
Cuando en Estados Unidos se elogió a David James Poissant y su opera prima, "El cielo de los animales" (Edhasa), que apareció entre los primeros libros de lo mejor del año, algunos recordaron que al autor ya se lo había descubierto en algún relato aparecido en The New York Times, The Atlantic City o Playboy. La obra de Poissant, doctor en Literatura Creativa en la Universidad de Florida, ha sido comparada con la de Raymond Carver, Richard Ford, Alicia Munro y David Foster Wallace. Su libro ofrece lo que reclama a sus alumnos: dar al lector una experiencia intensa.Dialogamos con él:

Periodista: Su libro de cuentos "El cielo de los animales" podía ser leído como una novela coral ya que comienza con una historia que concluye 15 años después en otra, al final del libro, y entre medio hay otras que ocurren en ese mismo escenario.

David Poissant: Con mi editor, Millicent Bennett, de Simon & Schuster, revisamos unos cuarenta cuentos que venía escribiendo, y la mayoría había aparecido en diversas revistas. Estuvimos de acuerdo en empezar con "El hombre lagarto", la historia de Dan, un padre que no soporta que su hijo sea gay y lo tira por la ventana, y al rescatar un lagarto está intentando algo que no supo hacer con su hijo, decirle que lo quiere por encima de cualquier otra cosa, y concluir con "El cielo de los animales" en donde Dan va en busca de su hijo, que se está muriendo de sida. En cuanto al resto, soy del sur de Estados Unidos, de Georgia, y quería que todos los cuentos sucedieran en ese lugar, salvo la vacación que me di en "Nudistas" en una playa de San Francisco.

P.: Más allá de la presencia de diversos animales en sus relatos, usted muestra la animalidad de los humanos. ¿De allí surge el titulo de su libro?

D.J.P.: Dan le dice a su hijo que hay un cielo para los animales. Esa idea aparece en un poema de James Dickey donde se lee que, tras morir los animales, van al centro del cielo donde vuelven a vivir su vida salvaje, tiemblan, andan, despedazan, son despedazados, caen, se levantan y vuelven a andar. No sabía si podía poner ese título, pero mi editor me dijo que sobre títulos no hay derechos de autor. Creo que los humanos somos tan salvajes, o más salvajes que los animales. Cuando las parejas, en vez de empatizar con el otro, tratan de domesticarlo, pueden llegar a ser feroces, o sentirse finalmente decepcionados, invadidos por la desilusión. Trato de saber de aquellos que no terminan de conocerse y por eso hacen lo que hacen. Trato de ver el impulso animal detrás de ciertos comportamientos. Acaso es por eso que mis historias son de penitencia, de expiación, de una no consciente revelación.

P.: ¿El destino del matrimonio es el fracaso?

D.P.: Espero que no. Me casé a los 22 años y llevo 16 años casado, tenemos dos hijas. Me siento afortunado por mi matrimonio. Uno va cambiando con el tiempo y la clave es sostener el equilibrio a pesar de los cambios. Uno de mis libros favoritos es "Too Far To Go" ("Demasiado lejos") de John Updike, una serie de relatos sobre el matrimonio de Richard y Joan Maple, desde el casamiento hasta el divorcio. Un matrimonio no va a ser el ideal pero no por eso tiene que ser un fracaso.

P.: ¿Sus historias a partir de un secreto que trata de descifrar?

D.J.P.: En realidad, al comenzar a escribir sin un plan, nunca sé adónde voy a llegar. Parto de una escena. En "100% algodón" fue un hombre parado en una esquina al que le pegan un tiro. ¿Qué fue lo que hizo que le dispararan? ¿Estaba buscando morir como murió su padre? Allí estaría el secreto. A veces, cuando doy clases, me preguntan desde dónde escribir. Lo que le importa al lector es que se le ofrezca una experiencia intensa, que sostenga del principio al fin. Hay escritores que dicen que hay que escribir sobre aquello que se conoce, sobre lo que se sabe. Otros sobre lo que no se sabe, sobre lo que se quiere conocer, lo que se quiere descubrir. Yo escribo sobre lo que temo, sobre lo que me asusta. Sobre la muerte, sobre los sufrimientos, la violencia, las relaciones que apartan las palabras, las parejas que se derrumban, el final del amor. Creo que escribo sobre esas pesadillas para que no se hagan realidad en mi vida. Arriesgarme a esas pesadillas hasta darles una realidad estremecedora me une con el lector. Es la magia que hace pensar que siendo ficción deja de poder entrar en nuestra realidad. Es como mantener lejos al lobo. Y uno tiene que saber "Lo que quiere el lobo" porque va subirse a nuestra ventana para reclamarlo.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

J.D.P.: Tengo unos 60 cuentos terminados y podría publicar otro libro de cuentos, pero por contrato debo entregar una novela. Cuando escribí "La geometría de la desesperación", con Lisa y Richard que pierden un hijo, esa pareja se quedó rondando en mi cabeza. Durante años no pude dejar de pensar en ellos. A veces un personaje no te deja en paz y hay que seguir sabiendo de él en otras historias. Ahora vuelven, 33 años después, en la novela que estoy revisando. Decididos a jubilarse, a ir a vivir a Florida, deciden vender la casa de vacaciones que tienen junto a un lago en Carolina del Norte, y se reúnen allí por última vez con sus hijos, Michael y Thad. Una tragedia golpea a la comunidad del lago y sus ecos se esparcen, una reunión familiar puede abrir las puertas del infierno.

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