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Policial clásico en la China actual

La historia de un asesino serial que anda por Shanghai dejando a sus víctimas metidas en un quipao, un vestido mandarín de seda rojo, permite al lector partir de viaje a conocer el mundo de la China actual y la que no se puede dejar de lado, la de su reciente pasado, la de la Revolución Cultural de Mao y la masacre de la Plaza de Tiananmen.
Por un lado está esa China que practica «los dos sistemas» (según palabras del ex primer ministro Deng Xiaoping), donde están los que en la cresta del nuevo mercado se han convertido en «los bolsillos repletos», no muy lejos siguen los que apenas han logrado superar el tradicional mundo de la pobreza. En ese universo tendrá que actuar, en su quinta aventura (hay cuatro novelas anteriores), el inspector Chen Cao del Departamento de Policía de Shanghai. Aunque al principio pocas ganas tiene de meterse en un asunto que, más allá de la pobres cuatro chicas que aparecen ahorcadas enfundadas en un vestidito rojo, huele a corrupción. Y sobre todo porque acaba de matricularse en un master sobre literatura clásica china. Porque Chen Cao es antes que policía licenciado en Letras, y su primera profesión es la literatura. Como buen amante de los libros está convencido de que para ser un buen investigador es preciso sumar tantos conocimientos como sea posible. Y él usa sus saberes literarios para la resolución de los casos, entrando así en la serie de detectives que, desde Auguste Dupin y Sherlock Holmes, tienen conocimientos que los ayudan a resolver los crímenes de manera insospechada.
Si la intriga, aunque no carece de complejidad, finalmente, resulta convencional para el lector adicto a los policiales (en algún momento se hace referencia en esta oculta historia de venganza a la novela «El Conde de Montecristo»), cada página tiene sus atractivos. El caso de las «chicas jóvenes y guapas de veintipocos años, solteras, sin estudios superiores, posiblemente involucradas en algún asunto turbio, que aparecen ahorcadas junto a un negocio de objetos de lujo, con un vestido mandarín rojo, muslos y senos visibles con efecto erótico u obsceno, sin bragas ni sostenes, pero que no sufrieron abusos sexuales» lleva a recorrer las calles de Shangai, a saber de la historia política y de la de los vestidos en Oriente, se leen antiguos poemas y se entra de forma muy poco apetitosa en la cruel gastronomía china. No hay una puntada sin nudo en la trama, y en una cena fastuosa (vomitiva, para un occidental sensible) que recuerda escenas de las películas de Claude Chabrol o de la novelas de Georges Simenon, Qiu Xialong pone sobre la mesa todas las claves para la resolución de la serie de crímenes.
Qiu Xiaolon nació en Shanghai en 1953. Su familia sufrió represalias durante la Revolución Cultural. En 1988 viaja a EE.UU. donde logra el doctorado en Literatura Comparada en la Washington University de St. Louis Missouri, donde comienza a dar clases. Es poeta y traductor. Sus premiadas novelas del inspector Chen Cao le han dado fama internacional.
M.S.


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