2 de julio 2012 - 00:00

Político con ADN televisivo

Joven, elegante y capaz de desatar entre las mexicanas la euforia típica de un cantante famoso: Enrique Peña Nieto logró devolver el poder al PRI tras una efímera carrera política.

Sus adversarios lo acusan de ser un producto de mercadotecnia, un galán de telenovelas impuesto por Televisa y que una de las patas del plan fue su matrimonio en 2010 con la estrella de la cadena, la popular actriz Angélica Rivera.

Peña se formó políticamente en lo que analistas llaman el Grupo Atlacomulco, visto como parte de la vieja guardia del PRI, a menudo caricaturizada como un dinosaurio de pesada cola que manejó los hilos de muchas administraciones del partido. A su alrededor se tejieron oscuras historias de corrupción.

Su carrera política, que también transcurrió en el Congreso del estado de México, se desarrolló bajo el respaldo del exgobernador Arturo Montiel, acusado de enriquecimiento ilícito al final de su mandato y de quien Peña Nieto fue su sucesor. Una vez en el cargo indultó a su padrino de todas las acusaciones.

La campaña se centró en su figura a pesar de que el exgobernador de 45 años no lanzó al ruedo propuestas realmente novedosas para atacar los principales problemas de la nación, como la pobreza y la violencia. Aun así, cuenta con fama de funcionario confiable y buen gerente, un punto a favor con el que no contaron otros candidatos.

Hay quienes lo llaman el «Luis Miguel» de la política por su aspecto de actor rompecorazones y porque en los actos públicos muchas de sus simpatizantes pierden la cabeza por él. Peña se deja abrazar, besar y tomar fotos por todas.

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