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Preparan la edición 2009 de la Bienal de Arquitectura
Se espera que el gran arquitecto argentino de fama internacional Cesar Pelli, que nunca faltó a las anteriores, participe en septiempbre de la XII Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires.
Hablar de encuentros y de intercambios es referirse, sin ambages, a la arquitectura: sólo ella, entre las artes y las ciencias, puede hacer físicamente posible un encuentro entre seres humanos, desde la casa más sencilla al más complejo de los aeropuertos, desde la mayor de las megalópolis hasta el barrio más pequeño.
Pues bien, la arquitectura constituye el instrumento por antonomasia de la alteridad, y su campo de acción y verificación. Un edificio, una ciudad, son la materialización inicial del reconocimiento del otro. Por consiguiente, la arquitectura es también el factor primero de la empatía, o sea, del fundamento de toda posibilidad de comunicación entre los seres humanos.
La Bienal de Buenos Aires no es sino la exteriorización de todas estas certezas y virtualidades de la arquitectura. Encuentro e intercambio de arquitectos y de obras, encuentro e intercambio de miles de individuos representados por esos arquitectos y esas obras; ejercicio vasto y plural del principio de alteridad, recinto de desarrollo de la empatía a escala internacional.
Hace 2.500 años, los primeros filósofos griegos intuyeron que el ser humano sólo lo es plenamente en relación con otro ser humano. A partir de entonces, ese descubrimiento de los pensadores jónicos se vio desarrollado y fortalecido por teólogos, poetas, juristas y teóricos de la cultura: el reconocimiento del otro, «el principio de alteridad», son la base de leyes, creencias, sistemas políticos, realidades estéticas. El hombre extiende su ser al otro y a la realidad construida y la hace suya: ahora es él y su circunstancia habitacional. Al cabo de las Bienales, sabemos más acerca de la arquitectura en el resto del mundo, y el resto del mundo sabe más acerca de la arquitectura argentina. Porque sabemos más sobre quienes la diseñan y realizan, y por boca de ellos, de sus obras.
Entre quienes participaron en las distintas ediciones, Kiyonori Kikutake (1928), uno de los maestros de la arquitectura japonesa contemporánea, ha sido animador, con Kisho Kurokawa (1932), en la década del 60, del movimiento Metabolista, definido como la manera de integrar tradición y modernidad.
Kikutake ha realizado museos, el de Matsue, el de Tanabe, el de Karuizawa, el Edo-Tokio, un enorme y singular Museo de la Ciudad;, centros cívicos, Hagi, Kurume; instalaciones culturales, el Auditorio de Miyakonoyo, la Biblioteca de Morioka. Entre sus obras se destaca el Media Dome de Kitakyusu, cuyas formas evocan las tradiciones arquitectónicas japonesas.
Entre los reconocidos participantes desde las primeras Bienales se destaca el español Oriol Bohigas, cuya primera visita a la Argentina fue en 1974. Lo habíamos conocido en los Encuentros de Pamplona durante los finales de la época de Francisco Franco. Las obras de los argentinos que el autor de esta nota había llevado a esa reunión se rompieron cuando se cayó un gran inflable que había diseñado Oriol para cubrir la plaza principal. El Equipo Crónica -esto sucedió en 1972-, encabezó una manifestación contra los Huarte, patrocinadores del concurso y autores de la autopista porteña 25 de Mayo.
El reconocido Museo Reina Sofía de Madrid está preparando una gran exposición sobre los Encuentros de Pamplona y quiere presentar la muestra «Hacia un Perfil del arte latinoamericano», que se inició en el CAYC, de Buenos Aires y luego en Pamplona; y más tarde en Madrid y en la New York University. En Yugoslavia premiaron la muestra con una Medalla de Oro. Luego por invitación del CAYC, Bohigas estuvo en 1979. Desde entonces, ha venido al país a varias Bienales (la última en 2005), donde sus palabras han convocado siempre a vastos auditorios. Catedrático y luego decano de la Escuela (a la que llegaba en moto) fue asesor de Urbanismo del Municipio de Barcelona. También presidente de la Fundación Joan Miró -diseñada por el gran maestro Joseph Luis Sert-, entre 1981 y 1988, donde expusimos los argentinos en dos oportunidades.
Artífice mayor de la transformación de las terminales aéreas, el reconocido arquitecto Paul Andreu (Francia) también vino a Buenos Aires. Su obra más notoria es, sin duda, el Aeropuerto Internacional Charles de Gaulle, sito en Roissy, Francia, al Noroeste de París (y de Orly).
Los más de veinte aeropuertos de Andreu son realidades evidentes de una fantasía silenciosa. El último premio para este singular proyectista fue la obra del Gran Teatro de la Ópera de Beijing para las Olimpíadas de este año en China.
Fundado en Viena, en 1968, por el austríaco Wolf Prix y el polaco Helmut Swiczinsky, el estudio «Coop Himmelblau» (Cooperativa Cielos Azules), veía asentarse su fama, veinte años más tarde, con dos acontecimientos decisivos: la apertura de una filial en Los Angeles y la participación en la muestra «Arquitectura Deconstructivista», organizada por Philip Johnson para el Museo de Arte Moderno de Nueva York, junto a Frank Gehry, Daniel Libeskind, Rem Koolhas, Peter Eisenman, Zaha Hadid, estas dos últimas grandes figuras también presentes en las bienales argentinas.
Nunca faltó a las once bienales, César Pelli, considerado uno de los mejores arquitectos del mundo, se especializó diseñando edificios en altura, como la torre de oficinas Canary Wharf, un área de fuerte expansión en la zona portuaria de Londres. Es el rascacielos más alto de esa ciudad, una torre cuadrada de 224 metros de alto.
Una de sus obras monumentales fueron las Petronas (Petróleos Nacionales) en Kuala Lumpur (Malasia). El Norwest Center en Minneapolis, el World Financial Center, y la Torre del Society National Bank en Cleveland son proyectos notables por el modo en que resuelve el conflicto entre la forma de las arquitecturas del pasado y la expresión moderna. Construyó, además, el Centro Boyer de Medicina Molecular, en la Universidad de Yale y el Centro de Matemática e Ingeniería, del Trinity College en New Haven.
Las Bienales construyeron una ciudad virtual dentro de Buenos Aires durante diez días, con sus edificios, sus calles y sus plazas, diseñada por arquitectos extranjeros y argentinos a través de conferencias, exhibición de sus obras, debate de ideas, cruce de teorías. Pero ni la ciudad, ni los edificios, ni las calles, ni las plazas desaparecieron al cabo de las Bienales anteriores: los encuentros y los intercambios que les dieron cimiento y techo, muros y ventanas, puertas y pisos, veredas y calzadas, espacios de verdor y de descanso, siguen en pie, como fruto perdurable y valioso, como un sólido aporte al desenvolvimiento humano y a lograr un mundo mejor. Esperamos que dentro de nueve meses la próxima XII Bienal tenga la misma calidad y el mismo resultado que las anteriores.

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