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Primeras deserciones en el régimen de Asad
Más de 230 integrantes del Baaz anunciaron la medida de fuerza: 30 de ellos en la región de Banias (noroeste) y 203 en la zona de Huran (Deraa y sus alrededores), en el sur del país. «Las prácticas de los servicios de seguridad contra ciudadanos desarmados en Banias y en las aldeas vecinas, especialmente en Baida, son contrarias a todos los valores humanos y a los eslóganes del partido», aseguraron a través de un comunicado.
Además, «lamentamos los registros de casas y los disparos con balas reales indiscriminados contra la gente, las viviendas, las mezquitas y las iglesias».
Por otra parte, más de 150 disidentes, que guardaron el anonimato por razones de seguridad, realizaron un llamamiento al régimen en favor de un «cambio verdaderamente democrático».
En un texto titulado «Iniciativa nacional para el cambio», los opositores advirtieron al régimen que sólo tiene dos opciones: «O lidera él mismo el cambio hacia la democracia o los manifestantes llevarán a cabo una revolución popular que derrocará al régimen y acabará en este cambio tras un período de violencia y disturbios».
En ese marco, la comunidad internacional intentaba ponerse de acuerdo para condenar la sangrienta represión de las manifestaciones contra el régimen, que comenzaron el 15 de marzo y en las que murieron al menos 453 personas, de acuerdo con el Observatorio sirio de Derechos Humanos, con base en Londres. Según la organización, el Gobierno de Bashar al Asad había desplegado tanques y miles de soldados en las regiones más sensibles.
Los representantes de los 27 países de la Unión Europea se reunirán mañana en Bruselas para discutir eventuales sanciones, y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU mantendrá ese mismo día una reunión especial, a petición de Estados Unidos. El martes, Rusia y China, ambos países con derecho a veto, se opusieron a una resolución condenatoria.
Agencias DPA y AFP

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