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¿Quién va a poner el pecho?
Horacio Lachman
Pero precisamente por la recesión hay razones para festejar. Las cifras oficiales confirmaron que la economía de Estados Unidos está nuevamente en retroceso. Su PBI durante el tercer trimestre del año mostró un crecimiento del 2%, pero esa «expansión» se explica en su mayor parte por la acumulación de stock sin vender en las empresas. Seguramente para liquidar esos inventarios indeseados el PBI deje de crecer en el cuarto trimestre y el primero de 2011.
Y la recesión es, sin duda, una noticia fabulosa. Porque allana el camino al presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, de lograr las alianzas que necesita en el organismo para poner en marcha el «QE2». O sea, darle más alcohol al borracho sólo para evitar la resaca. La base monetaria norteamericana no alcanzaba al billón de dólares hace dos años y gracias al «QE1» -el primer programa de flexibilización monetaria- superó los dos billones. Ahora, con el QE2 se prepara un nuevo salto en la emisión que por lo menos implicará que en estos dos años de política anticíclica se haya triplicado la emisión primaria de dinero en EE.UU. Y el destino de la emisión es claro: financiar el déficit del Tesoro de Estados Unidos.
El Banco Central de Estados Unidos empezó ayer la reunión de su Comité de Mercado Abierto (FOMC), que pondrá en marcha el QE2 («Quantitative Easing 2» o «flexibilización cuantitativa segunda parte») en un intento de sacar de la recesión a la primera economía del mundo. Allí se establecerá el importe de deuda pública que la Reserva Federal comprará con emisión y el consenso de los analistas estima que serán alrededor de u$s 500.000 millones, aunque podría ser mucho más.
No todos tienen la suerte de contar con la máquina de emitir dólares. Por eso asusta más que el déficit fiscal en Irlanda -la expresión más elocuente del milagro neoliberal hasta hace unos pocos años- puede llegar al 32% del PBI este año, por el esfuerzo gigantesco del Estado para lograr el salvataje de la banca. También asusta que, según datos desestacionalizados, el desempleo en España haya seguido avanzando en septiembre y se aproxime al 21%, y el patentamiento de autos muestre una caída anual del 37,6%. Ni Grecia ni Portugal ni Italia dan muestras de buena salud económica o financiera.
Peligros
Nouriel Roubini plantea claramente los peligros de una recesión en L para Europa, o sea que, producida la caída, la depresión se mantenga en el tiempo, mientras que EE.UU. no descarta la W, o sea una nueva caída de la actividad apenas superada la recesión. Vale la pena recordar que Roubini se hizo famoso por presentar ante el FMI en 2006 un informe que anticipaba el estallido de la crisis de las hipotecas subprime. Y su opinión fue recibida con frialdad por un organismo internacional que aseguraba en sus informes que se saldría de la burbuja inmobiliaria a través de un aterrizaje suave.
Subestimar los problemas es conveniente cuando la verdad puede arruinar el juego. Es cierto que administrar una cartera exige una gran dosis de prudencia, diversificar el riesgo, y una buena dosis de optimismo. Pero, en cambio, quienes tienen responsabilidad sobre la marcha de la economía mundial no pueden enfrentar una crisis que lleva ya cuatro largos años y está generando, más allá de una recuperación parcial, distorsiones cada vez más profundas en la economía mundial, dedicarse simplemente a tirar para adelante.
Que un país en recesión incurra en déficits fiscales para reactivar la economía es absolutamente legítimo, mucho más cuando no tiene inflación. Pero no es lo mismo que lo haga en forma masiva y acumulativa a lo largo del tiempo el país que debe administrar la moneda patrón de la economía mundial. La depreciación del dólar está generando pérdidas cuantiosas en el poder adquisitivo de las reservas internacionales tanto de países emergentes como desarrollados, y desde ya en los ahorros de las familias de todo el mundo. También se pueden distorsionar los flujos del comercio internacional, alentar la formación de gigantescas burbujas y crisis de pagos.
Ingenuidad
Seguir apelando a la emisión masiva como paliativo con el argumento de que cuando la inflación empiece a hacerse presente bastará con que la Reserva Federal suba las tasas de interés es absolutamente ingenuo. Si hoy Estados Unidos no puede conseguir financiamiento para su déficit y necesita que los bonos del Tesoro los compre su propio Banco Central, ¿el mercado va a creer cuando empiece la inflación que el Tesoro norteamericano va a estar en condiciones de pagar tasas de interés para su gigantesca deuda?
La experiencia de las crisis argentinas es ilustrativa. Pero para quienes digan que Estados Unidos no es la Argentina hay que recordar que hace muy poco tiempo los grandes bancos del mundo vivieron gigantescas corridas y sólo se salvaron porque los Estados pusieron el pecho. ¿Quién va a poner el pecho si la corrida contra el dólar, que ya es un hecho, se empieza a acelerar?


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