"La prohibición religiosa judía de hacerlo facilitó que Dayán entregara el control del Monte del Templo a la oficina de asuntos religiosos musulmana (Wafq), bajo la supervisión y la presencia de la Policía israelí, señaló Barnea.
Un estatus que representaba una continuidad en el tiempo, ya que la gestión de esta área estuvo casi siempre en manos islámicas desde que en el siglo VII Amr ibn al As conquistó la ciudad santa. Y que desde hace apenas unos años, radicales de ambas religiones pretenden cambiar en su propio beneficio, a veces incluso contra los preceptos religiosos.
"A lo largo de los años, los fanáticos de los dos lados tratan de cambiar las normas del juego; el jeque Raed Salah, por una parte, y miembros de las organizaciones judías clandestinas, por la otra, pero las reglas se mantienen", subrayaba Barnea.
Uno de los que más luchó en el bando judío es el rabino Yehuda Glick, a quien un presunto pistolero palestino trató de asesinar a tiros el miércoles a la noche, al término de su conferencia "Israel vuelve al Monte del Templo".
Pelirrojo, su figura era una presencia habitual en torno a la explanada que precede al Muro de los Lamentos, último vestigio del segundo templo destruido por el general (y luego emperador) romano Tito en el año 70 y lugar más sagrado del judaísmo.
Glick, rememoraba Barnea, se presentaba como guía turístico y siempre tenía problemas con la Policía, que le impedía subir y trataba de alejarlo de la explanada, ya que su presencia generaba protestas.
"Su misión en la vida era quebrar el statu quo del Monte del Templo. Otros han trabajado para el mismo objetivo durante años, pero ninguno de una forma tan adictiva como lo hacía Yehuda Glick", agregaba.
Una pasión que llevaba a los pasillos del Parlamento israelí, que había contagiado a líderes de la ultraderecha nacionalista y sionista, y que ahora Barnea cree ha devenido en un verdadero peligro.
"Esto es malo y preocupante. De todos los lugares de Jerusalén, el Monte del Templo es el más sensible, el más cargado y el más peligroso", subrayó en el diario Yediot Aharonot, el de mayor tirada en Israel.
"Tiene la capacidad de convertir nuestro conflicto nacional en una guerra de religión. Es mejor dejarlo de lado: esta pira debe ser extinguida, no se debe poner más fuego sobre ella", advirtió.
Un aviso que ayer volvieron a obviar los líderes de ultraderecha, inscriptos en el Gobierno, que pidieron al primer ministro, Benjamín Netanyahu, modificar el statu quo en respuesta al ataque contra Glick, quien se debate entre la vida y la muerte.
Desde que en 1994 Jordania e Israel firmaron un acuerdo de paz, estas quince hectáreas en el corazón del casco antiguo están bajo supervisión del Ministerio de Asuntos Religiosos hashemita.
Tradición
En su cima se destacan la Cúpula Dorada de la Roca y la mezquita de Al Aqsa.
Según la tradición musulmana, desde allí el profeta Mahoma partió a lomo del caballo mitológico Buraq para su visita mística a los cielos.
Lugar de peregrinación durante siglos, es uno de los espacios en los que sueña rezar cualquier musulmán.
"En los últimos años, un cambio tuvo lugar por la parte judía: religiosos sionistas comenzaron a visitar el Monte del Templo. Ellos mismos se eximieron de la prohibición religiosa y algunos de ellos eligieron rezar ahí y enfrentarse al Wafq y a la Policía", recuerda Barnea.
Las subidas, cada vez más recurrentes y custodiadas por la Policía, desataron las protestas de los musulmanes, que las consideran una provocación. Y elevaron la tensión en torno a este pedazo de tierra que los judíos anhelan, pero que los religiosos ultraortodoxos y la mayoría de los laicos se abstienen de pisar.
Una tensión que se duplicó en los últimos meses y que llevó al Gobierno israelí a impedir sucesivamente el rezo a los menores de 40 años, después a los menores de 50 años hasta el cierre absoluto al rezo musulmán ayer.
| Agencia EFE |


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