8 de septiembre 2014 - 00:00

Racing quedó al borde de un ataque de nervios

La bronca y la desazón de los jugadores de Racing en el final. Segunda derrota consecutiva y un arbitraje polémico que repercutirá en la semana. Lanús aprovechó los nervios de Racing.
La bronca y la desazón de los jugadores de Racing en el final. Segunda derrota consecutiva y un arbitraje polémico que repercutirá en la semana. Lanús aprovechó los nervios de Racing.
Racing pagó un precio muy caro a su descontrol emocional y terminó perdiendo ante Lanús, en un partido que manejaba y dominaba casi a voluntad. Es que la Academia ganaba desde el primer minuto con un buen tanto de Ricardo Centurión, tras un desborde de Gabriel Hauche, que sólo jugó 18 minutos por una contractura, que puede ser desgarro.

El equipo de Avellaneda era dominador desde el trabajo de Ezequiel Videla y Ricardo Centurión y le llegaba con mucho peligro a Marchesín, pero a los 32 minutos hubo algo que lo desequilibró: Centurión encaró a Araujo y cuando retrocedía para gambetearlo, lo derribó el defensor dentro del área, pero Andrés Merlos no concedió el penal y un minuto después le dio un penal a Lanús por una mano intencional de Lollo, en un tiro libre, que le permitió a Silvio Romero "picársela" a Saja y empatar el partido. A partir de entonces, Racing se empezó a dedicar a protestarle cada fallo al árbitro y eso lo sacó del partido. Tanto que en el último minuto del primer tiempo Diego González, con un gran zapatazo, puso el 2-1.

En el segundo tiempo las cosas siguieron igual: Racing buscaba el ataque sin orden y con mucha bronca, mientras que Lanús defendía lo logrado y buscaba algún contraataque.La falta de definición de Castillón y Bou fue muy evidente y conspiró para que Racing no lograra el empate que se merecía. Aunque la bronca acumulada por lo que consideraban una injusticia hizo que Centurión se fuera expulsado por una falta de atrás y que cuando más estaba jugado en ataque, apareciera un contraataque que Romero aprovechó para poner el 3-1 final.

Al igual que en el clásico de Avellaneda, Racing terminó echándole la culpa de la derrota al árbitro, sin darse cuenta que no se puede desequilibrar emocionalmente ante el primer fallo en contra y pensar que hay una conspiración contra ellos.

Lanús, por su parte, aprovechó su momento y se llevó más de lo que fue a buscar.

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