“Rechazo esos ‘encuentros’ que parecen piezas de museo”

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«Tatuaje», el nuevo espectáculo de Alfredo Arias, estrenado en el Théâtre du Rond Point de París en noviembre de 2009, propone un curioso paralelismo entre el famoso cantante español Miguel de Molina (proscripto durante el franquismo por «rojo» y homosexual) y la que fue su principal protectora en la Argentina: Eva Perón.

Antes de salir de gira por Francia, la pieza -que cuenta con el mismo elenco de la versión francesa: Carlos Casella, Sandra Guida, Alejandra Radano, Marcos Montes y el propio Arias- hará una breve temporada en el Teatro Presidente Alvear, a partir del 5 de agosto. Dialogamos con Arias.

Periodista: La vida de Miguel de Molina fue mucho más apasionante e intrincada que lo que mostró Jaime Chávarri en «Las cosas del querer»
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Alfredo Arias: Volví a ver la película y pienso que es un trabajo bastante digno que no tiene que ver totalmente con la vida de él. Yo ya había investigado en su historia y su repertorio cuando intenté rodar una película, acá en Buenos Aires, donde él aparecía como un personaje más. Después leí su autobiografía, «Botín de guerra», que me ayudó a entender el grado de persecución y de tortura psicológica e incluso física que padeció el artista. Lamentablemente quedaron fuera las anécdotas más picantes, dado que la publicación de estas memorias estuvo a cargo de un sobrino.

P.: ¿Qué episodios reales incluyó en «Tatuaje»?

A.A.: Bueno, el mío no es un espectáculo histórico, ni aborda el plano psicológico. Rechazo esos encuentros monolíticos en los que uno tiene la impresión de que está viendo una pieza de museo. «Tatuaje» es una narración fantasmagórica de un ser que por su arte y su poética va a ser perseguido y que luego va a tener un diálogo bastante íntimo -eso lo inventé yo- con otro personaje tan marginal como él pero que está en la cima del poder. Este encuentro con Eva más allá del hecho real. Aquí ambos comparten un mismo código y ella funciona como una figura protectora, aunque por poco tiempo. No olvidemos que la carrera política de Eva Perón fue muy corta, duró seis años nada más. En la obra ella se identifica plenamente con el artista; pero, en realidad, creo que Eva al recibirlo también se tomaba revancha sobre Franco. Porque a que a ella no le había ido bien cuando viajó a España en representación del gobierno argentino.

P.: ¿Qué otro parecido descubrió entre Eva y Molina?

A.A.: Ambos tuvieron una gran transformación física y construyeron una imagen sobre sí mismos como lo haría un actor para atravesar una historia tormentosa. A mí me interesó ver cómo pudieron sobrevivir estos seres frágiles a historias muy duras con armas tan frágiles. En el caso de Miguel de Molina podríamos decir que su premisa fue: «contra la dictadura, el bordado de lentejuelas». Porque él fue un pionero del «body art». A mí él me hace pensar muchísimo en Marlene Dietrich, David Bowie y otros artistas, que al igual que él y que la propia Eva Perón, se armaron un muñeco, con el que se defendieron y ganaron un público. Molina fue un artista integral, obsesionado con la perfección. Antes de debutar en el teatro Lola Membrives, lo hizo retapizar íntegramente porque necesitaba rodearse de estuches súper lujosos y hasta exigía que el personal de sala luciera impecable.

P.: También fue un talentoso vestuarista.

A.A.: En Madrid pudimos ver una exposición de sus blusas bordadas y zapatos diseñados por él que son verdaderas obras de arte. El trabajaba como un pintor o un escultor, pero en ese momento nadie lo entendía, porque no había artistas multidisciplinarios, se pensaba que lo del bordado era un capricho suyo y nada más. Pero sus diseños y combinaciones de materiales son dignos de estar en un museo. Molina no fue un cantante excepcional, pero sí un artista muy completo, un gran personaje de music hall. un fenómeno de escena, diría yo.

P.: Por otro lado ¡qué mala suerte tuvo! En España casi lo matan. Se instala en la Argentina, pero el franquismo consigue que lo extraditen. Más tarde viaja a México y no puede desarrollar su carrera porque el cantante Jorge Negrete tiene copado el sindicato. ¿Es cierto que boicoteaban sus actuaciones con petardos y que una función fue suspendida a los gritos por «Cantinflas»?

A.A.:
Absolutamente. Cantinflas era secretario de ese sindicato. En el espectáculo le mandamos un mensaje muy especial a Jorge Negrete [Se ríe]). Tratamos de reparar varias injusticias. Porque uno se puede preguntar ¿lo atacaban por homosexual? Bueno, esas dos exclusiones solían ir juntas en aquella época estaban unidas. Recuerdo que alguien me comentó una vez que en la época del Instituto Di Tella, la década del 60, todos los artistas que trabajamos ahí estábamos fichados como «homosexuales y comunistas». Así que no me extraña que compartiéramos ese leit motiv, pero ahora por cierto la sociedad ha evolucionado mucho.

P.: Tanto que en España ya existe el matrimonio entre personas del mismo sexo y pronto estará en vigencia también en nuestro país. ¿Qué le parece?

A.A.:
Yo creo que es un signo de respeto a la libertad y a la dignidad de las personas que va más allá de toda orientación sexual. Ni siquiera en Francia, que es un lugar muy preparado para escuchar al otro -en todo caso lo ha sido históricamente- no existe una ley tan completa como ésta. Esto me hace sentir orgulloso de ser argentino.

P.: Háblenos del elenco de «Tatuaje».

A.A.: Marcos Montes, Carlos Casella
y yo interpretamos a Miguel de Molina en distintos momentos. Sandra Guida interpreta a Eva Perón y Alejandra Radano hace de Conchita Piquer y de una dama de la alta burguesía argentina que se enamoró del artista y lo persiguió insistentemente.

P.: ¿Fue un amor platónico?

A.A.:
¡No! Si hasta hubo amago de casamiento y todo. Pero él se escapó el día de la boda.

P.: ¿Volveremos a escuchar «Ojos verdes», «La bien pagá» y otros grandes éxitos de Molina?

A.A.:
Incluí pocos temas de él. Opté por una selección más libre que me disparó hacia otros lados: Marlene Dietrich, Lila Down, Caetano Veloso, David Bowie. Yo siempre elijo las canciones por la emoción que me provocan y éstas tienen mucho que ver con lo que vive cada personaje.

Entrevista de Patricia Espinosa

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