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¿Recuperación con obstáculos o crisis que va en ascenso?
Los dramáticos acontecimientos que sacuden el escenario económico mundial -revueltas en países árabes, crisis de la deuda europea con resultados electorales que ponen en peligro la continuidad del euro, desastre nuclear en Japón, posibilidad de «cierre» del Estado y ausencia de acuerdo político sobre el presupuesto en EE.UU., aumentos en las materias primas, crisis alimentaria global, etc.- pueden ser vistos como fenómenos negativos pero independientes. E incluso suponerse que pese a su importancia, no alcanzan a modificar las expectativas de recuperación de la economía mundial y el optimismo que prevalece en los principales mercados del mundo. De esa forma Wall Street aparece como la fuerza inquebrantable del progreso, que logra sobrevivir a todos los presagios agoreros.
Sin embargo, si se analiza la interrelación que hay entre todos los acontecimientos, puede advertirse que son expresiones de la misma crisis que no pueden ser ocultadas con los mecanismos artificiales de estímulo que están creando burbujas en los mercados de acciones y materias primas, dando lugar -por lo menos hasta la semana pasada- a un clima «positivo» en los grandes centros financieros. El testigo permanente de la gravedad de los hechos lo da la fuga hacia los metales preciosos con una suba mensual del oro superior al 5% y de la plata superior al 22%, que acumulan así aumentos mayores al 30% y al 140% respectivamente.
Ocultamiento
El establishment político y económico prefiere ocultar la profundidad de los problemas que enfrenta la economía mundial. El voluntarismo y la visión del operador que sólo apuesta a maximizar los negocios de corto plazo llevan a disimular la naturaleza de los hechos.
Nada más patético en este sentido que los discursos escuchados en las asambleas del Fondo Monetario, en las reuniones del G-20 y en las cumbres europeas. Por un lado se destaca la «recuperación de la economía mundial» y por el otro se reconoce la existencia de gigantescos peligros, particularmente el visible y desbordante problema fiscal, o sea la incapacidad de los estados de cumplir con todos los compromisos que asumieron, precisamente, para tapar la crisis, y tratar de que los grandes grupos financieros salgan lo más indemnes posible.
Pero se evita hacer frente al hecho de que las soluciones fiscales que se plantean son inviables. Que los «salvatajes» que se implementaron financiados con reducción del gasto público terminan en el fracaso. El FMI proyecta que la deuda federal estadounidense superará el 110% del PBI en 2016; ese año, la japonesa alcanzará el 250%, y en Europa rebasará el 100% en Italia, Irlanda, Grecia y Portugal. Conviene recordar que cuando se puso en marcha el euro se estableció como requisito que la deuda pública de sus miembros no podía superar un máximo del 60% del PBI.
Los «salvatajes» otorgados a los dos países de Europa «periférica», Grecia e Irlanda, están haciendo agua. El salvataje en Portugal está fracasando antes de ponerse en marcha. Los resultados de las elecciones en Finlandia hacen prever que falte consenso en Europa para implementarlo.
La fantasía de que el efecto dominó de la deuda europea se detenía en Portugal se desvanece cuando se advierte que la ola de insolvencia, en lugar de ser progresivamente contenida, vuelve al punto de partida con el fracaso de los salvatajes, para avanzar con renovados bríos. Particularmente vulnerable es España, que tiene un tercio de la deuda portuguesa y que necesita financiamiento para concretar el salvataje de un sector de su banca -las cajas- especialmente después que el gobierno chino desmintiera la información que se difundió en las cercanías de Zapatero, que había disposición de los orientales a hacerse cargo de ese muerto.
La prima de riesgo griega, el diferencial del rendimiento entre su bono a 10 años y el alemán al mismo plazo, acaba de batir un nuevo récord desde que existe el euro, al superar la cota del 13% el lunes. Algo parecido sucede con los bonos irlandeses, por encima del 9%, y los portugueses, superando ampliamente el 8%. La rentabilidad de los bonos griegos a tres años ha llegado al 21%.
Sin alcanzar esos extremos, la prima de riesgo de la deuda española ha comenzado a escalar en las últimas ruedas. Cruzando el Atlántico en el caso de la deuda norteamericana, lo que hizo Standard & Poors es advertir a EE.UU. de que puede perder su triple A porque aplicar los ajustes fiscales que considera necesarios puede ser muy difícil por las diferencias de opinión existentes entre los demócratas y los republicanos.
Interrogante
¿Pero hay algún fundamento para que la deuda norteamericana siga siendo calificada como triple A? Por donde se mire, las necesidades de financiamiento de EE.UU. son cada día más difíciles de satisfacer: un déficit superior al 10% del PBI, una deuda del 100% del PBI y entre tanto, China, el principal abastecedor de fondos, que ha decidido hacer del desarrollo del mercado interno el eje de su estrategia económica y dejar de apostar a la economía exportadora generadora de grandes excedentes de divisas. Japón, otro de los grandes financiadores de EE.UU., deberá volcar el grueso de su ahorro a la reconstrucción de su economía luego del terremoto. De hecho, ya el principal comprador de los bonos del Gobierno norteamericano es la Reserva Federal, lo que plantea un problema fiscal de gigantescas proporciones. El programa de compras de bonos por un total de u$s 600.000 millones (flexibilización cuantitativa dos o QE2), que está terminando en pocos meses, genera cada día mayores críticas en el Congreso y dentro de la Reserva Federal. Con esta política se ha triplicado en dos años y medio la base monetaria en EE.UU. y una gran parte ha sido emisión para financiar el déficit fiscal.


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