14 de junio 2017 - 22:56

“Rehuírle a las etiquetas del mercado”

La hija de Ángeles Mastretta vino a presentar su novela “Todos los días son nuestros”.

Aguilar Mastretta. “Escribir para entender el mundo que nos rodea”.
Aguilar Mastretta. “Escribir para entender el mundo que nos rodea”.
"Buscando entender el mundo que te rodea puede aparecer una buena historia, es algo tan simple como eso", sostiene Catalina Aguilar Mastretta, que vino a presentar su novela "Todos los días son nuestros" (Planeta). Hija de los escritores Ángeles Mastretta y Héctor Aguilar Camín, estudió comunicación en la New York University y guión en el American Film Institute. Reside en Los Ángeles y son suyas las películas, como autora y directora, "Las horas contigo" y "Todos queremos a alguien"; el guión de "Echo Park", varios cortometrajes, y guiones para TV. En su breve visita a Buenos Aires dialogamos con ella

Periodista: De los dos modelos de novela romántica: el clásico modernizado, con toques feministas, y el sub treinta, que suele comenzar en las redes sociales, ¿con cuál se siente vinculada?

Catalina Aguilar Mastretta: Espero que con ninguno de los dos. Eso es algo que impone el mercado. Uno escribe la historia que quiere contar y quisiera leer, y a partir de eso un editor la vuelve un tipo de libro para que alcance un tipo de público. No es algo que esté en mi poder. Lo mismo me pasa con el cine, donde eso es más tajante. Si es una novela románica o no, si es rosa o no, es algo de contenido más que de otra cosa. Una novela de Nicholas Sparks tiene una connotación melodramática; está construida con villanos y amores imposibles. Mi novela "Todos los días son nuestros" es otra cosa, es observación social. A partir de la separación de una pareja joven observar a sus amigos, a la clase media mexicana y a gente junto a la que crecí, que veía de lejos y con cierta nostalgia. Mi ejercicio en este libro es esa observación. Pero como tiene una trama romántica, y también humor, se le pone una etiqueta.

P.: Tanto su novela "Todos los días son nuestros" como su película "Las horas contigo" parten de lo dramático, de una pérdida, de una forma de duelo.

C.A.M.: "Todos queremos a alguien", mi segunda película, una comedia romántica liviana, arranca con una mujer que se reencuentra con su novio emblemático, lo que le significó esa pérdida, y el ahora qué. El tema de fondo no aparece conscientemente sino que son las preocupaciones que están en el inconsciente. Se arranca con un personaje que nos cae bien, se lo pone frente a situaciones límite, y luego está lo que cada quien va poniendo. Por eso ante la obra extensa de alguien se ven sus intereses, corrientes internas clarísimas. No nos podemos escapar de nosotros mismos. El asunto se revela a partir de decidir qué se va a contar, no es algo abstracto: quiero contar la historia de dos que se separan y por qué es interesante que esos dos se separen y no otros.

P.: ¿Qué diferencia hay entre escribir cine o televisión y una novela?

C.A.M.: La libertad. La novela es un lugar más libre donde se puede decir más cosas. Y donde se juega el producto terminado. Los guiones son siempre promesas de otra cosa, están hechos para pasar a otro medio, no existen en sí mismos. Tarantino dice que sus guiones son obras de arte terminadas. Yo no creo eso. La peor película es superior a su guión. Están hechos para un medio audiovisual, necesitan pasar por actores, por un diseño. Los guiones son huesos y están armados para que le gusten a un actor, a un productor, a un director, para encontrar el dinero que se va a usar, y por supuesto para contar una historia, pero en su forma están armados para otras cosas. Las novelas son un universo en sí mismo, y están hechas para tener una relación directa con el lector. "Todos los días son nuestros" nació cuando estaba escribiendo guiones en inglés, y había muchas cosas que pasaban en el mundo de mis amigas, de mi familia, que me parecían interesantes y no cabían en ningún lado, que no sabía dónde poner, y que pintaban un mundo que, además, me quedaba lejos. Y eso era interesante porque si hubiera estado envuelta en él no lo habría querido retratar.

P.: ¿Su novela trata sobre quién lleva adelante la pareja, y cómo lo que parece evidente no es tan así?

C.A.M.: Eso proviene de las cosas que no importan cuando se es más joven, de quién eres, de cómo creciste, los valores que tienes. María y Emiliano son muy compatibles de niños, y crecen juntos y separados al mismo tiempo. Esto proviene de sentir que no podía ver como mis amigos se iban convirtiendo en adultos. Acá no hay villanos, no se engañan, no hay melodrama, crecen y se vuelven distintos, y ya no pueden estar juntos. Y todo eso puede estar marcado por la ironía. Me fui a Los Ángeles a los 23, y empecé a escribir este libro a los 31. Eso está en la novela, junto a una relación romántica que vuelve todo eso más emocionante y divertido de contar.

P.: ¿Qué la lleva a escribir?

C.A.M.: A esta altura es mi oficio, mi renta. Ganas de entender el mundo, de retratar cosas dignas de recordarse de algún modo. Como oficio, ahora estoy adaptando para la televisión gringa una novela muy millennial del puertorriqueño R.J. Hernández, "An innocent fashion", que está de moda en Nueva York. Y estoy con dos pilotos de historias mías para series de televisión.

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