11 de abril 2011 - 00:00

Ritual metalero de Iron Maiden en Vélez

Iron Maiden tocó una vez más en Buenos Aires, mostrando su vigencia después de atravesar tiempos y estilos. Salvo las bengalas que alguien logró colar, el show fue una atractiva fiesta metalera.
Iron Maiden tocó una vez más en Buenos Aires, mostrando su vigencia después de atravesar tiempos y estilos. Salvo las bengalas que alguien logró colar, el show fue una atractiva fiesta metalera.
«The Final Frontier Tour». Iron Maiden: Bruce Dickinson (voz), Steve Harris (bajo), Adrian Smith, Dave Murria y Janick Gers (guitarras) y Nicko McBrian (batería). Soportes: Kamelot y Adrián Barilari. (Estadio Vélez; 8 de abril).



Treinta años de historia. Unos 80 millones de discos vendidos. Unos 2000 conciertos realizados alrededor del mundo. Quince álbumes de estudio. Varios cambios de nombres a lo largo del tiempo, aunque la actual parece ser la formación que todos prefieren. Montones de visitas a nuestro país, donde tienen una fila muy larga y fiel de seguidores. Unas 40.000 personas para verlos y escucharlos en esta nueva visita al estadio de Vélez. Son todos datos oficiales, imponentes sin duda, que dan cuenta de un fenómeno enormemente popular y, en consecuencia, de gran atractivo para la industria de la música. Y, sin embargo, Iron Maiden sigue conservando buena parte de su frescura, de su autenticidad, de eso descarnado y por lo tanto genuino que tiene el «heavy metal».

Hay, si se quiere decir así, «concesiones al show business»: un vestuario que es casi una puesta en escena, un Eddie -el emblemático personaje que se muestra desde las pantallas y se hace luego presente en «The Evil That Men Do»-, las algo psicodélicas imágenes que sirven como introducción al concierto, los solos guitarrísticos a veces exageradamente sobreactuados. Pero, con todo, este sexteto que ha atravesado tiempos y estilos, con sus viejos o con sus nuevos temas -los del disco «The Final Frontier» que están presentando con la gira- sigue poniendo el mayor énfasis en las canciones, en la voz de Bruce Dickinson, el cantante que elige la mayoría de los que han pasado por la banda, en las guitarras rockeras, en ese orgánico algo extraño, precisamente con tres guitarras, en lo corporal de la presencia escénica.

Esta vez fueron casi dos horas de show por las que pasaron clásicos como «2 Minutes to Midnight», «The Trooper» o «Iron Maiden», unas cuantas piezas del nuevo disco: «Satellite 15. The Final Frontier» en el arranque, «El Dorado», «The Talisman», «Coming Home», «When the Wild Wind Blows»; y un final a la medida de los fans con «The Number or the Beast», «Hallowed Be Thy Name» y «Running Free». Y la única perla negra estuvo en manos de unos pocos delirantes que lograron colar unas bengalas e hicieron su aporte temerario a una noche que, por lo demás, fue una fiesta metalera.

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