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Rod Stewart reiteró su despliegue festivo
Rodeado de bellos jóvenes de ambos sexos que, además, son respetables instrumentistas, Rod Stewart ofreció en Vélez una larga lista de hits que su público conoce de memoria.
En el programa de mano, la lista de su equipo -manager, asistente personal, técnicos, vestuarista, y hasta entrenador físico- se mezcla con la de los músicos de escena; y apenas se los menciona con la palabra «musician». Y en rigor, tiene sentido eso de que los nombres estén entremezclados y sin mayores detalles de, por ejemplo, qué función cumple cada uno. Es que lo que importa en un show de Rod Stewart es, cada vez más, otra cosa diferente de lo que suena. O, mejor dicho, lo que suena sólo tiene sentido en función de todo lo demás.
Si sus canciones no estuvieran tan apuntadas al pop, diríamos que estamos frente a un «crooner» de hotel internacional. Y en ese sentido, quizá lo que hizo en Costa Salguero un par de días antes que en el estadio de Vélez, haya sido su mejor medida. El espectáculo es un despliegue festivo, con chicas hermosas de faldas cortísimas y tacos altísimos, que además tocan respetablemente el saxo, el violín y la trompeta o hacen coros. Los muchachos, de riguroso vestuario negro, cumplen diferentes funciones, pero ninguno termina de sobresalir por su talento musical -más allá de que lo tengan- ni por su participación destacada en ese aspecto. Son una multitud que rodea a la estrella de más de 60 a la que los años parecen no pasarle, que luce un saco naranja fosforescente en el arranque y su clásica cabellera con reflejos, que sonríe permanentemente, y que desparrama -como en cada punto de esta gira que declara abiertamente su cometido- una larga serie de hits que son, por supuesto, los que su público quiere escuchar.
Todo es fiesta y todo es bello. Las canciones son conocidas y están en la memoria colectiva. Todo se parece a aquellas jornadas de abril de 2008, cuando vino a actuar en el mismo estadio y también para hacer una larga lista de hits. No pueden faltar -y no faltaron- canciones como «Love Train», «Tonights the Night», «Have you Ever Seen the Rain», «Youre in My Herat» o la super famosa «Da Ya Think Im Sexy». Tampoco los «covers» de Cat Stevens, Tom Waits, Van Morrison o Creedence que siempre están en sus listas. O las citas a su amado Celtic Football Club de Escocia. Y hasta el artista que tocó una hora antes Miguel Mateos -nunca mejor elegido un soporte- sirvió para entusiasmar a la multitud que fue a buscar un menú muchas veces probado y sin el menor riesgo; y lo encontró de comienzo a fin.

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