“Rodney”: gente que cuesta tomar en serio

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«Rodney» (Argentina, 2008, habl. en español). Guión y dir.: D. Rafecas. Int.: V. Bassi, S. Gala, M. Ucedo, D. Fanego, C. Banegas, W. Lemos.
Muchos bares de la Chacarita son dignos de una película. Entre ellos, el de Newbery esquina Rodney, frente al paredón del cementerio, angosto, cálido, con viejo techo de chapa acanalada sobre la vereda. Ahora le hicieron una película, con una drogona, una alterada, una misticona, el Mono, rockero delincuente que define a la droga como «comida pa'l mostruo que llevamos dentro», y el Dogo, otro que bien baila. Todos ellos, parientes entre sí, gente muy afectuosa, y también muy rayada.
Sin entrar en detalles, la alterada vende piedras para la estabilidad emocional, y la misticona entra a la iglesia celular en mano y mp3 a pleno, cantando a dúo con Peligrosos Gorriones. El Mono dedica canciones a la drogona, que se derrite escuchándolo y corre al baño del bar donde trabaja, para pincharse un rato las venas. Y el Dogo la va de samurai zen, sólo levemente alterado por los gritos de la mujer que le reclama fondos, la obligación de dispararle a alguien, o el ringtone de Homero Simpson que suena en medio de un cántico a lo Sai Baba. Pero al final el tipo se altera mucho, y la película, más que una tragedia griega, se vuelve un dramón mexicano, con tres muertes seguidas que no contamos para dejarle al espectador el placer de la sorpresa, el dolor, o quizá, lamentablemente, la carcajada.
Esto último es una pena, porque seguramente existe gente así, y el director quiso mostrarla en su desazón cotidiana, pero el relato le salió maltrecho y exagerado, con figuras pasadas de rosca que cuesta tomar en serio, y encima hacen cada cosa que la dejan picando para la chanza.
Por las dudas, el director abre el paraguas con una frase que se oye al comienzo, y luego se lee, algo así como «si quieres saber la verdad, no tengas opinión a favor o en contra». La verdad, eso no va a impedir que el público opine en contra. Su primera película, «Un buda», era más atendible.
Dato interesante, uno de los pocos seres normales que vemos es el hijo de la alterada, un pibe en edad escolar que paradójicamente recuerda todo eso como «el día en que mi familia me ayudó». Él tiene piedad hacia sus padres, y se pregunta algo terrible, que obliga a reflexionar sobre tantas vidas mal vividas: «¿Qué pasaría si supieras que no vas a morir? ¿Que no hay forma de dejar de vivir?». Curiosos, los abundantes fuera de foco y la disparidad de tonos en el plano/contraplano de una escena contra la pared verdosa del local. Extensa, la banda musical, con temas de Gabriel Carámbula, Peperina en Llamas, Intoxicados, Marianela Pelzmajer, y el propio director como letrista. Larga, infinitamente larga, la película, y eso que dura menos de 90 minutos.
P.S.

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