28 de abril 2011 - 00:00

Scioli insiste en que elegirá su vice

Daniel Scioli, ayer, flanqueado por dos posibles vice: Florencio Randazzo junto al gobernador y una fila atrás Julián Domínguez.
Daniel Scioli, ayer, flanqueado por dos posibles vice: Florencio Randazzo junto al gobernador y una fila atrás Julián Domínguez.
Una versión inusual de Daniel Scioli reforzó, con más ímpetu que días atrás, que se manejará con «absoluta libertad» para elegir a quien será su compañero de fórmula. Ya lo había dicho, pero ayer anexó un concepto: «Se me está subestimando», acusó el golpe.

Elípticas, las palabras del gobernador parecen tener como uno de los destinatarios a Julián Domínguez, ministro de Agricultura, que la semana pasada se lanzó en el Luna Park y que, el domingo, delegó la exclusividad de la elección del vice bonaerense en Cristina de Kirchner.

Ayer, en La Plata, daban por hecho que Domínguez -al menos en el esquema de Scioli- quedó fuera de carrera. «Exageró su cristinismo. No tenía necesidad de hacerlo», interpretó un funcionario. Según esa mirada, se corrió a un extremo y se expuso al veto del gobernador.

Scioli abandonó sus clásicos rodeos y marcó posición sobre la cuestión del vice, asunto sobre el que hace tiempo el kirchnerismo anticipa que será puesto «por Cristina». Primero, con cautela, dijo que será su elección personal: ayer habló de la subestimación.

Ese párrafo lo dedicó a Carlos Kunkel, que con modismos brutales, desechó la posibilidad de que Scioli intervenga en la definición de la fórmula.

A la defensiva, el gobernador explora una vía intermedia: en su cajón de arena, rastrea una figura que resultará aceptable por la Casa Rosada, pero que surgirá de su cercanía. Entre los nombres que suenan, uno solo cumple esos dos requisitos: Cristina Álvarez Rodríguez.

Es la teoría del consenso y una salida elegante: no tendría que cargar con el karma de que lo escolte un funcionario K -como, por citar los más expuestos, Gabriel Mariotto, Florencio Randazzo o Domínguez- ni tampoco patrocinar a un aliado que rechace Olivos.

Es la tercera vía, indicó Ariel Franetovich, ministro sciolista, que comparte pertenencia y origen con Randazzo: «Cristina no impone ningún candidato; no es su estilo», dijo por Twitter. Y encendió una bomba sucia: «De tan obsecuentes, algunos se ridiculizan con su propia torpeza».

Cantinelas

«A estas alturas que se me esté subestimando, después de ocho años... Esa cantinela la escuché una y otra vez», se confesó ayer y aseguró que se siente con «absoluta libertad» para seleccionar a su compañero de fórmula. En el kirchnerismo lo refutan.

La semana que viene, según las indicaciones que dejó la Presidente antes de partir a El Calafate, habrá novedades sobre la estrategia para la provincia: Veamos:

  • La Presidente, de acuerdo con un dirigente que la vio esta semana, clausuró la posibilidad de que Sergio Massa cuente con una colectora K en la provincia de Buenos Aires. Se afirma que no invoca razones políticas ni tácticas: simplemente, tal como afirmó ese operador, considera que el intendente de Tigre forma parte de un pelotón de figuras que, cree, «dañaron» a su esposo. Sin necesidad electoral de sumar votos, Cristina de Kirchner tendría tomada esa decisión. 

  • Un argumento similar se cita respecto del intendente de La Plata, Pablo Bruera. Kirchner eligió, en su momento, al platense como emblema para castigar a los alcaldes que jugaron al corte de boletas en 2009. Nunca, aunque hubo múltiples gestiones, se produjo un diálogo mano a mano entre Bruera y el patagónico. De la misma usina que da por hecho que no habrá colectora para Massa, se dejó trascender que al platense no le darían la boleta oficial del Frente para la Victoria (FpV).

  • Si ese criterio perdura hasta el cierre de listas, Bruera sería víctima de lo que un jerarca del PJ bonaerense llama «rifle sanitario K»: una mecánica, selectiva, del kirchnerismo para complicar a intendentes peronistas mediante la autorización de colectoras, apañadas con política y recursos, por la Casa Rosada, en general a través del armado de La Cámpora. Este diario ya contó que la voluntad presidencial es que el neocamporismo tenga un candidato a legislador provincial en cada una de las ocho secciones electorales bonaerenses. Jesús Cariglino, de Malvinas Argentinas, promotor del grupo de intendentes rebeldes, sería otro de los alcanzados por esa ráfaga aleccionadora. 

  • Esos episodios, por ahora supuestos, tienen un efecto dual en Scioli: la exclusión de Massa lo favorece, pero el castigo, hipotético a Bruera, aborta un acuerdo sigiloso que selló con el platense y también su operativo de desintegración del G-8, sobre quien desplegó un juego de seducción para apartarlos de Tigre y alinearlos con el sciolismo, con promesas de cobertura ante posibles embestidas desde el Gobierno nacional. Los kirchneristas platenses, que ven infructuoso enfrentar a Bruera en la primaria, evaluaban ir colgados de la colectora de Martín Sabbatella, como batallón K puro. Ofrecen a Guido Carlotto, aunque el diputado de Morón, que descartó que su candidato local sea Carlos Raimundi, emitió alguna señal de preferencia sobre Gustavo Oliva, rector del Colegio Nacional de La Plata.
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