El Gobierno de Dilma Rousseff ha decidido endurecer el trato con su par argentino, y ello se verá en las próximas negociaciones comerciales. Pero conscientes de que Cristina de Kirchner encara un delicado frente político interno en el año electoral, la presidenta de Brasil no quiere hacer de la confrontación comercial un caso que perjudique el margen de maniobra del Gobierno argentino. Anticipándose al gesto de los negociadores brasileños, desde el Ministerio de Industria aceleraron la liberación de cerca de mil licencias no automáticas para importar productos que estaban retenidos. Es una manera de evitar una confrontación, pero sosteniendo la intención del Gobierno de proteger la industria local y además cuidar las divisas del país. Los números del primer bimestre muestran que el déficit comercial con Brasil aumentó un 180% frente al mismo período del año pasado. En el paquete de quejas de empresarios brasileños a las que se adelanta la Argentina están también las demoras que dicen sufrir los camiones con importaciones procedentes de Brasil en la frontera argentina, algo de lo cual se quejan también empresarios argentinos cuando exportan sus productos hacia ese país. (Ver pág. 3.)
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