Según dijo una fuente cercana al caso, "tres de los seis sospechosos detenidos confesaron haber asesinado y quemado a Mohamad Abu Jedeir" y "realizaron una reconstrucción del hecho" ante la Policía.
Éste, de 16 años, fue secuestrado el 2 de julio en Jerusalén oriental (árabe). Su cadáver calcinado fue hallado horas después en la parte occidental (judía) de la ciudad.
El hecho de que presentara quemaduras en sus vías respiratorias dio a los investigadores la pauta de que el joven estaba vivo cuando fue prendido fuego, lo que causó especial espanto a palestinos e israelíes por igual.
Según los investigadores, la principal responsabilidad del crimen parece recaer en quienes realizaron la confesión, mientras que los otros tres detenidos, que se declararon inocentes y dos de los cuales son menores, serían cómplices.
En la reconstrucción, según se supo, los tres asesinos confesos explicaron que quedaron perturbados por el asesinato de los tres jóvenes judíos en Hebrón (Cisjordania) y, luego de los funerales, fueron al barrio árabe de Shuafat, secuestraron a Jedeir y lo asesinaron quemándolo en un bosque cercano.
Los seis están siendo indagados también por un intento de secuestro de un niño palestino de nueve años, un día antes.
Sin embargo, cuando los investigadores trataron de hurgar en su ideología, se llevaron una sorpresa. Es que su perfil político no coincide con lo que parecía más probable en un primer momento: no son militantes de los grupos de colonos más radicales sino que se formaron en el seno de colegios rabínicos ultraortodoxos, uno de ellos incluso de élite, cercanos al partido sefaradí Shas. Una circunstancia que en esos ambientes asombra, porque en los barrios ortodoxos, si bien la violencia política no es rara, los asesinatos son un fenómeno prácticamente desconocido.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el presidente saliente, Shimón Peres, llamaron por teléfono al padre del adolescente asesinado. El premier le expresó su "indignación" por el "abominable" asesinato, y Peres, su "vergüenza".
En otras declaraciones públicas, Peres dijo: "¿Por qué secuestrar a un joven, matarlo, quemarlo hasta que se muera? No hay nada más elevado ni más exigente en la historia y el pensamiento judíos que el respeto de la vida humana".
Todo esto se está traduciendo en una súbita toma de conciencia en la sociedad israelí sobre el peligro que representan los grupúsculos antiárabes más o menos estructurados.
"El escenario del diabólico asesinato de Mohamad Abu Jedeir es la pesadilla del Shin Beith (servicios de seguridad interior): un escenario en el cual el conflicto israelo-palestino se transforma en una batalla tribal entre dos comunidades, con la ley bíblica del ojo por ojo, que podría acarrear destrucción y ruina para ambas partes", afirmó ayer un editorial del diario Maariv.
Los sospechosos detenidos por el asesinato del joven pertenecerían a "un grupo judío extremista" y los tres que confesaron el crimen "realizaron una reconstrucción del hecho" frente a los policías.
Los medios israelíes señalan a dos grupúsculos: La Familia, integrado por simpatizantes ultraderechistas del club de fútbol Betar Jerusalén, y Lehava, embanderado en la lucha contra los casamientos mixtos, sobre todo con árabes.
Esas organizaciones tienen visibilidad en las redes sociales (hay 13.000 "me gusta" en la página de La Familia), contrariamente a los activistas de las colonias judías de los territorios ocupados, que movilizan redes más discretas. Uno de esos grupos es el movimiento Jóvenes de las Colinas, integrado por colonos radicales, que da que hablar con cierta periodicidad desde que Israel ordenó la evacuación unilateral de la Franja de Gaza en 2005.
Algunos grupos se especializan en las agresiones contra árabes, a menudo firmadas "tag mehir" ("el precio a pagar", en hebreo).
La órbita radical reivindica una filiación ideológica con el movimiento racista antiárabe Kaj, fundado por el rabino Meir Kahana en 1971 e ilegalizado en 1994, después de que uno de sus adeptos, Baruj Goldstein, asesinara a 29 fieles musulmanes en la Tumba de los Patriarcas (Mezquita de Ibrahim), un lugar santo de judíos y musulmanes en Hebrón, sur de Cisjordania.
Varios ministros y exjefes de los servicios secretos israelíes pidieron desde entonces en vano que los autores de esos actos fueran catalogados como "terroristas" y no como simples militantes de "organizaciones ilegales".
Si el asesinato de Jedeir fue atribuido a una voluntad de venganza por el secuestro y asesinato unos días antes de tres jóvenes israelíes en Cisjordania ocupada, tras el descubrimiento de los cuerpos, Netanyahu fue acusado de echar leña al fuego con sus declaraciones.
"Ni siquiera Satanás concibió una venganza para quienes vierten sangre de niños", declaró Netanyahu, citando al poeta nacional israelí Nahman Bialik. Pocos minutos después, unos 200 extremistas judíos, convocados a través de Facebook, organizaron una marcha en Jerusalén que se convirtió, según testigos, en una verdadera "cacería de árabes". El cadáver del joven Jedeir fue hallado al día siguiente.
Las autoridades israelíes amenazaron con acciones legales para frenar los desbordes de odio racista en las redes sociales. Pero también en ellas numerosos israelíes expresan su estupor y repudio por lo ocurrido.
"Algo le ha ocurrido a nuestra sociedad sin que nos diéramos cuenta, una enfermedad subrepticia se ha propagado", afirmó la columnista Sima Kidmon en el diario Yediot Aharonot.
| Agencias AFP, EFE y ANSA, |
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