A pesar de la brutal paliza de las últimas semanas los analistas del mercado parecen no perder su euforia. La semana pasada incrementaron en promedio su proyección para el crecimiento de las ganancias corporativas del próximo trimestre en un 17%. Tal vez acierten o tal vez no, pero es evidente que nada parece asustarlos ya que no sólo sería éste el décimo trimestre consecutivo de suba, sino que más que cuatriplica el crecimiento histórico de las ganancias (3,8%) y multiplican por 10 la proyección media sobre el crecimiento del PBI para 2011. Éste es uno de los factores que puede explicar por qué en los primeros cuatro minutos de operaciones de ayer el Dow alcanzó a trepar el 1,88%, sin más excusas que la recuperación de las acciones europeas y la suba del petróleo (el WTI ganó un 2,47% quedando en u$s 84,3 por barril, aunque el oro avanzó el 2,37% a u$s 1889,8 por onza). Otra factor podría ser el nivel de sobreventa que habría alcanzado el mercado (en los últimos cinco años el cociente entre el número de opciones de venta/compra para las acciones rondó un 0,7 -por cada siete opciones de venta se negocian 10 de compra, cuando hoy está en 1,04) y la necesidad de cubrir posiciones ante cualquier suba abrupta que, aunque no sea significativa, retroalimenta más alzas. Otro factor, que suena más a marketing, es la idea que algunos aprovecharon para comprar pichinchas (a mediodía y por unos minutos antes del cierre, el S&P 500 y el NASDAQ se colocaron del lado perdedor).
Como sea, al cierre las cosas se atemperaron y el Dow redujo la suba al 0,34 por ciento quedando en 10.854,65 puntos. Lo mejor del día: las petroleras, bastante más atrás telecomunicaciones y luego las tecnológicas. Lo peor: los bancos y en particular Goldman cuyo CEO acaba de contratar un abogado (el de Enron). De la reunión de la Fed en Jackson Hole, por ahora nada.
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