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Siempre se vuelve a la casita de los viejos

«Si Jesús era un judío árabe, ¿por qué en la mayoría de las imágenes parece uno de los Bee Gees?», se pregunta (con algo de presagio) la treintañera Marie, una especie de Bridget Jones, mirando una imagen de la Última Cena en una pared de la iglesia donde planea casarse. Pero, como ha descubierto que tiene un enorme talento (y sobrada experiencia) para enamorarse de los hombres equivocados, imitando a Julia Roberts en «Novia fugitiva», planta a su novio en el altar y se vuelve a la casita de los viejos. Casa donde su padre se entrega con rijoso entusiasmo a los hábiles favores de su nueva novia, una veinteañera que se trajo de Bielorusia.
Por suerte para Marie ella se puede reencontrar con Kate, su hermana, que es lesbiana y está enferma de cáncer. Kate es historietista y publica la tira «Hermanas» (algunos de sus dibujos ilustran en el libro las situaciones que vive Marie). Pero de pronto aparece el joven carpintero Joshua a arreglar el altillo de la casa, y Marie se siente embelesada. Atracción que no disminuye cuando el carpintero le dice que en realidad es Jesús, y comienza a darle pruebas. Y si bien comienzan a enamorarse Él ha regresado para que se cumplan las Escrituras, y tiene como misión desarrollar el Juicio Final porque en poco s días se acaba el mundo.
Y como resulta predecible en esos tiempos conclusivos por allí anda el demonio con la figura de Georges Clooney dedicado a formar las escuadras de los Jinetes del Apocalipsis, Clooney deberá enfrentar primero al sacerdote del pueblo, que es el arcángel Gabriel, y luego teniéndoselas que ver con el mismísimo Dios Padre, que se encarna primero en un cisne y luego en Emma Thompson. Dios llega a amonestar a Jesús porque, por andar cortejando a Marie, se está distrayendo de su cometido judiciario.
Que nadie espere una catastrófica eclosión final, David Safier ha explicado, por si alguien no se hubiera dado cuenta leyendo sus entretenidas y superficiales historias, que lo que le gustan son «las historias con mensaje moral positivo, que tienen un final feliz al estilo de Hollywood». Otra cosa que le gusta es «mezclar géneros como la chick lit, el humor, las sitcom, los comics y la ciencia ficción». Safier practica con sus protagonistas, mujeres ególatras, desafiantes, confundidas o acomplejadas, una versión masculina del chick lit, esa literatura reivindicativa y posfeminista de las féminas que se deslizan por la tercera década.
Mal no le ha ido a este productivo escritor alemán que proviene del periodismo y los guiones de televisión: de «Maldito Karma», su tremendamente divertida opera prima (que trata de una engreída y trepadora presentadora de TV que muere en un curioso accidente y se convierte en hormiga), lleva vendidos millones de ejemplares por el mundo, y de «Jesús me quiere», que no es tan desternillante como la primera, no sólo anda en el mismo nivel como best seller internacional, sino que está en camino de convertirse en un comedia cinematográfica. Y ya acaba de aparecer, en alemán y en inglés, «Súbitamente Shakespeare», que con ese gusto de Safier por las metamorfosis, digno de un epígono de Publio Ovidio Nason, trata de una mujer que viaja a vidas pasadas y es «el cisne de Avon».
M.S.


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