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Sin austeridad ni crédito, el peso estará bajo ataque
Nicolás Dujovne
En ese contexto, el real brasileño, la lira turca, el rublo ruso, el peso mexicano y muchas otras monedas sufrieron caídas de entre el 30% y el 40% en unas pocas semanas. Mientras ello ocurría, el peso argentino mostraba una depreciación mucho menos pronunciada: del 10% entre el crac de Lehman y el 31 de diciembre de 2008 y del 22% desde el pico de 2008 y su valor actual de 3,7. Ante la menor depreciación relativa del peso respecto de otras monedas emergentes, algunos analistas plantearon la hipótesis de una supuesta sobrevaluación del peso.
Si bien la determinación del nivel «apropiado» o de «equilibrio» del tipo de cambio nominal excede el análisis estrictamente económico, la consideración de los flujos de moneda extranjera, tanto comerciales como financieros, así como el mix entre moneda local y extranjera existente en la estructura de activos y pasivos de una economía, resultan útiles para obtener algunas conclusiones.
Con relación a los flujos, desde el punto de vista de la cuenta corriente del balance de pagos, aun en un contexto de una fuerte caída en las exportaciones en 2009 (que estimamos en el 21%), en la cual existe un componente transitorio, como la sequía, que explica siete puntos porcentuales de la baja, la Argentina mantendría en 2009 su balance comercial en un superávit del orden de los u$s 12.000 millones. La magnitud de la oferta comercial de dólares esperada para el año en curso permite financiar sin la utilización de las reservas internacionales una porción considerable de la dolarización de portafolios.
Por otra parte, el stock de reservas de algo más de u$s 46.000 millones brinda a la autoridad monetaria poder de fuego suficiente como para mantener el control de la paridad cambiaria. Comparando el stock de reservas internacionales con los pasivos monetarios del Banco Central, incluyendo en esta medición la base monetaria, los encajes en dólares en el BCRA, y el stock de Letras y Notas del BCRA, la cobertura asciende actualmente al 108%, es decir que el valor de las reservas internacionales al actual tipo de cambio excede al valor de los pasivos monetarios de la autoridad monetaria. Si incluyéramos además dentro de los pasivos el stock total de depósitos privados, la cobertura sería del 52%, duplicando la cobertura promedio registrada en 2001.
Finalmente, desde el punto de vista histórico, el tipo de cambio real multilateral de la Argentina, calculado sobre la base del deflactor del PBI, muestra valores de 1,95 con base 1 en diciembre de 2001, versus un promedio de 1,7 en el período que va desde 1996 a 2007. Otra medida de tipo de cambio, el nivel de salarios en dólares, muestra que éstos eran en febrero de 2009 un 13% inferiores a los del cuarto trimestre de 2001, comparado con aumentos del 77% en Brasil y del 22% en Estados Unidos.
Sin embargo, esto no alcanza para los tenedores de pesos, que perciben que en un país con serias dificultades de acceso al crédito será la política cambiaria la que termine de corregir los problemas derivados de la ausencia de crédito externo y del desborde fiscal de 2007/2008. Esto es así puesto que está claro que una devaluación del peso colaboraría con el resultado fiscal por la doble vía de «inflar» los ingresos y licuar el gasto medido en dólares.
Por ello, las presiones sobre el peso no cesarán hasta tanto el mercado no perciba que el tándem financiamiento externo/política fiscal vuelven a jugar el rol que la economía necesita. En ausencia de financiamiento, el superávit necesario se eleva indefectiblemente. Sin señales fuertes en términos de austeridad fiscal y de financiamiento externo, las presiones sobre el peso persistirán.


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