21 de mayo 2012 - 00:00

Sin dudas, hay vida después de Grecia

El peligro de un estallido de la economía griega que rápidamente podría extenderse a Italia y Francia confirma que la crisis económica global ha subido un nuevo escalón.

Las estrategias que desde los países de mayor desarrollo y sus bancos centrales se venía aplicando parecía exitosa durante los primeros meses del año. Por un lado, recuperación de la economía norteamericana lenta y vacilante, pero recuperación al fin. Acompañada de tranquilidad en su sistema financiero que las recientes pérdidas de 2.000 millones de dólares del JPMorgan en operaciones especulativas demostraron que no tiene bases firmes, porque no se ha producido un cambio en las prácticas del sistema. Por otra parte, en Europa los acuerdos entre Merkel y Sarkozy habían logrado imponer una política basada en el ajuste fiscal que permitía la recuperación de los mercados y detener el efecto dominó que luego de Grecia, Irlanda y Portugal amenazaba voltear a todo el continente. Pese a que Europa iba a la recesión, parecía contar con un andamiaje capaz de hacer posible el gran ajuste que abriera las puertas al crecimiento en el largo plazo. Mientras tanto, China juega como motor del crecimiento económico global, haciendo posible que Asia y América Latina aporten los puntos de crecimiento que no llegan desde los países más desarrollados.

Estados Unidos, Europa y China, con diferentes recetas, intentan apuntalar una economía global en la que las deudas acumuladas son en realidad imposibles de pagar. En un mundo donde los asiáticos fabrican y los países en desarrollo proveen de materias para que el Primer Mundo consuma, cuando las posibilidades de seguir financiando esos desequilibrios han desaparecido.

En lugar de afrontar la ardua tarea de la reestructuración financiera y económica internacional, EE.UU. sigue inundando de dólares el plantea y sosteniendo el ánimo en los mercados asegurando que redoblara la inyección de liquidez si Wall Street afloja. Europa continúa armando y reforzando los mecanismos de salvataje y protección del sistema financiero mientras, una a una, van cayendo las economías que la conforman dejando en pie en el horizonte a poco más que Alemania, como si ésta sola podría sobrevivir. China hace su contribución inflando a niveles explosivos su burbuja inmobiliaria y no logra, sin embargo, evitar la progresiva desaceleración de su economía.

Ya pasó de moda hablar de un nuevo Bretton Woods, de drásticas reformas y controles en los sistemas financieros, de dar al G-20 un rol estratégico. Si hay problemas, bastará con que la Reserva Federal norteamericana ponga en marcha otro programa de emisión masiva para financiar deuda pública, que el Banco Central Europeo salga a comprar bonos de algún país en problemas que todavía sea digno de rescate o que en China se bajen los encajes. El único problema es que la gente cada día soporta menos a sus gobernantes, lo que crea un vacío más difícil de manejar. Las crisis política y económica se realimentan mutuamente.

Dejá tu comentario