8 de octubre 2009 - 00:00

Singular mezcla de cine y teatro al gusto de los 50/60

María Onetto y Mirtha Busnelli repiten sus papeles de la «Nunca estuviste tan adorable» teatral que dio origen a una notable versión cinematográfica de Mausi Martínez.
María Onetto y Mirtha Busnelli repiten sus papeles de la «Nunca estuviste tan adorable» teatral que dio origen a una notable versión cinematográfica de Mausi Martínez.
«Nunca estuviste tan adorable» (Argentina, 2009, habl. en español). Guión y dir.: M. Martínez, sobre obra de J. Daulte. Int.: M. Onetto, M. Busnelli, L. Luque, L. Oviedo, L. Forte, W. Prociuk, G. Valenzuela.

Quizá, si esta película tuviera pretensiones tangueras, diría algo así como «porque te quise tanto, tanto, que al final, para salvarte, solo supe hacerme odiar», aunque en el fondo la gente quiere hacerse querer. Pero no es un tango, y el canto que la inicia es de otro género e intención, lleno de buen ánimo y esforzado optimismo. Para orientar al lector, diremos entonces que es una comedia triste, un melodrama llevadero, o simplemente una historia de amor de sus mayores, cuando eran menores y menos lúcidos, corrían los años 50, había menos ruido en los hogares, y la familia parecía más unida, aunque cada uno tuviera un doloroso, a veces indecible ruido interior.

Así vemos el trajinar, los conflictos y los remedios (si hay remedios) de una familia contemporánea a la de los Pérez García, pero sólo contemporánea: una mujer que es la luz del hogar, aunque más soñadora de lo conveniente, medio pretenciosa, marido cariñoso, trabajador, impresentable, descendencia en edad de noviar, y una especie de tía, también medio impresentable. La mujer se casó con ansias de progreso social, lo que implicaba cambiar de barrio, y, más adelante, de muebles, incluyendo si fuera posible la facha de ese ropero que tiene por marido, buen tipo, pero mecánico, siempre de overol, qué poca clase para lucir ante las visitas, en fin. El tipo es un buenazo, paciente, de mano y billetera siempre abiertas, pero a veces hay cosas que no alcanzan. O que se aprecian recién mucho después, cuando, como decía el poeta, «nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos».

Lindo asunto, sensible, bien expuesto, y agreguemos, porque esto es clave, curiosamente expuesto. El texto original, puede recordarse, viene de una exitosa obra de Javier Daulte. La película mantiene casi todos los diálogos y sus actrices principales, agrega unas canciones, bastante ubicadas, y, sobre todo, diseña una puesta en escena bien al estilo de los años que viven los personajes, vale decir, al estilo de los buenos melodramas familiares y los musicales de los 50, todo filmado en estudios, vestuarios y peinados glamorosos, encuadres singulares, uso muy expresivo del color y de lo descolorido, artificios a la vista, corazones perplejos o desgarrados también a la vista, detrás de las sonrisas, personajes preciosos, ridículos, sufrientes, risueños, bien hablados, y bien reconocibles. Y en el tercer acto, llamémoslo así, un predominante tono oscuro. Es lo que corresponde, para que al final salga la verdadera luz. O la luz de las películas soñadas, que a veces es más linda.

En resumen, muy elogiable trabajo de Mausi Martínez, en su primer obra ficcional (ya se había lucido en los escenarios y el género documental), una labor digna de análisis en las revistas especializadas de Andrés Mazzon, director de fotografía, y Julián Castro, director de producción. Y un elenco a subrayar: María Onetto, distinta a sus papeles cinematográficos habituales, Mirta Busnelli, Lucrecia Oviedo, Lorena Forte, Willy Prociuk (es decir, la misma gente del éxito teatral), Luis Luque, excelente, y Gonzalo Valenzuela. Quizá se extiende unos minutos más de la cuenta (igual sólo dura 97), pero vale la pena.

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