2 de octubre 2012 - 00:00

Sol Gabetta: volver tras la frustración

Un conflicto gremial frustró su esperada presentación hace dos años. Hoy regresa al Colón la notable cellista argentina e internacional Sol Gabetta.
Un conflicto gremial frustró su esperada presentación hace dos años. Hoy regresa al Colón la notable cellista argentina e internacional Sol Gabetta.
Tras dos años de ausencia de nuestro país, la notable violoncellista argentina Sol Gabetta, radicada en Suiza, volvió a Buenos Aires para brindar dos recitales, hoy y el lunes próximo, para el Mozarteum Argentino. Originalmente planeada en dúo con la pianista rumana Mihaela Ursuleasa, quien murió sorpresivamente en agosto pasado, a los 33 años, la visita de Gabetta será en compañía del francés Bertrand Chamayou (el mismo que actuó junto a la Orquesta del Capitolio de Toulouse en mayo en el Colón, también para el Mozarteum). El programa está integrado por las sonatas para cello y piano de Claude Debussy y Dmitri Shostakovich, una transcripción de la «Sonata en La mayor» de César Franck, y «Le grand tango» de Piazzolla. Dialogamos con Gabetta:

Periodista: ¿Qué sensación le quedó de su frustrada última actuación en Buenos Aires, cuando por una protesta gremial se canceló su concierto con la Filarmónica de Buenos Aires?

Sol Gabetta: A pesar de no haber estado nunca embarazada, debe ser la misma sensación: una preparación de muchos meses, ensayos, un viaje especialmente hecho, y después uno se va sin niño. Me encantó haber estado en Buenos Aires, pero fue una gran desilusión. Pero las cosas hay que tomarlas como son porque no queda otra, estoy muy contenta de poder tocar en el Colón y tratándose del Mozarteum hay muchas más posibilidades de que no vuelva a ocurrir esto.

P.: El programa de este año es ambicioso.

S.G.: Dentro del repertorio de cello es de lo más clásico. Me gustó porque la combinación de una primera parte con repertorio francés y la segunda con lo que yo soy, algo ruso-argentino.

P.: ¿Qué versión de la sonata de Franck va a interpretar?

S.G.: Hay muchísimas transcripciones, ésta es de Thomas Mifune. No hay ninguna nota que no sea de la sonata original pero la gran pregunta en las transcripciones es qué ocurre si uno toca una octava más abajo o más arriba, qué funciona más o menos. Acá intento respetar todo lo que está escrito, pero como ya en el hecho de la situación es una transcripción siempre intento ver si algo se escucha bien o no, y si no, funciona mejor tocarlo una octava más alta si es necesario, y hacer las cosas como mejor se adapten al instrumento.

P.: ¿Es una obra que aborda habitualmente?

S.G.: Me pareció una sonata hermosa para la Argentina, me vuelve loca cuando la escucho en violín, y realmente no se dio mucho la oportunidad de ponerla en los programas. Cuando planifiqué en un principio el concierto con la pianista que murió, tocamos esa sonata hace unos seis años, yo recordaba exactamente su interpretación, y pensaba que me encantaría tocarla en la Argentina con ella, esa fue la idea. Hace falta un pianista muy potente en esta sonata. Ahora se dio esa situación, y que el pianista sea francés es una pura casualidad, pero en realidad lo elegí porque sé que ella amaba muchísimo esta sonata y la tocaba de una manera especial.

P.: Va a ser entonces un homenaje a Urusuleasa.

S.G.: Completamente. Incluso pensé en decir algunas palabras porque es una situación extraña, la primera vez que me ocurre planificar una tournée tan grande con alguien fallecido hace tan poco.

P.: Usted acaba de grabar las sonatas de Debussy y Shostakovich con Hélène Grimaud. ¿En qué medida cambia su interpretación el contar con un partenaire distinto?

S.G.: La interpretación es completamente distinta cuando la tocaba con Mihaela, con Hélène o Bertrand, a pesar de que en el fondo tenemos la misma óptica, estamos leyendo la misma partitura, los mismos detalles. Después está la parte emocional de cada uno que se desarrolla de una u otra manera. Lógicamente con respecto de la actitud que cada artista toma frente a esa partitura yo me voy a adaptar o no al pianista que tenga enfrente mío. Con Bertrand hicimos muchísimos programas juntos este año, es una persona con la que nos sentimos desde lejos, hay una intuición musical muy fuerte.

P.: ¿Le interesa indagar en los repertorios o autores menos conocidos?

S.G.:
Siempre estoy a la búsqueda, pero hace falta tiempo y gente que me ayude a buscar esas partituras. Es una dificultad para todo músico el hecho de no ser extremadamente conservador. Si me interesaran sólo los cinco puntos que hice hace 10 años atrás, mi visión tendría un foco bastante chico. Un nuevo repertorio o nuevos grupos me llevan a una interpretación completamente diferente. Por una parte me gusta enfocarme en ciertas obras, profundizar en ellas o buscar nuevas ideas, y por otro me divierte descubrir nuevos autores y obras.

P.: ¿En qué medida afecta a la cultura la crisis europea?

S.G.: Cada vez que hay que recortar dinero se empieza por la cultura, porque se la piensa como un lujo, y no lo es: es una educación general para el pueblo. En algunos países como Italia y España, donde antes había ciclos impresionantes de conciertos, festivales, etcétera, se siente mucho. Por suerte en mi mercado me muevo en cuatro continentes, y estoy centralizada en Alemania, un país que tiene muchísima potencia y organización musical. A lo mejor hubo un momento, en 1960, 70 u 80, donde los músicos que venían de otros países encontraban trabajo fácilmente, la demanda era mucho mayor. Hoy en día es lo opuesto: el nivel es altísimo, y no sólo en las audiciones para orquestas.

P.: ¿Cómo se imagina de acá a 10 años en lo profesional y lo personal?

S.G.: Las cosas evolucionan a tal velocidad que el ser humano tiene dificultades para aparejarse a eso. Antes un músico viajaba un mes, se pasaba días y días estudiando en un barco, enriqueciéndose, y esas cosas ya no existen. Entonces lo difícil no es sólo saber dónde voy a estar yo plantada como persona, como música, porque mi evolución está en sintonía con un país y un mundo. Por suerte el hecho de ser músico da una creatividad que hace que uno no esté nunca encerrado. Me siento libre porque tengo una posibilidad de creación increíble, y esa sensación no tiene precio.

Entrevista de Margarita Pollini

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