29 de octubre 2009 - 00:00

Sólida intriga con un formidable Solá

Leonardo Sbaraglia es el ejecutivo cuya vida cambia cuando aparece el raro personaje de Miguel Ángel Solá (quien con mínimos gestos pone el peso de su presencia en cada escena).
Leonardo Sbaraglia es el ejecutivo cuya vida cambia cuando aparece el raro personaje de Miguel Ángel Solá (quien con mínimos gestos pone el peso de su presencia en cada escena).
«El corredor nocturno» (Arg.-Esp., 2009, habl. en español. Dir.: G. Herrero. Guión: N. Saad, sobre novela de H. Burel; Int.: L. Sbaraglia, M.A. Solá, E. Rivas, R. Díaz Mourelle, J. Sabate, M. Lubos, V. Manuel; U. Colombo, L. Cáceres, R. Vallejos.

Un joven prefiere exigirse en velocidad en vez de trotar como el resto. También se exige, y lo exigen, como ejecutivo de una empresa de seguros. Tensionado por los trámites de un acuerdo con socios externos, el encargo de armar una lista de despidos, la mirada de quien sabe cómo subió, la expectativa de cambios en la cúpula de la firma, beneficiosos si conserva la calma, se ve alterado por una presencia desconocida.

Se trata de un hombre raro, entrometido, que quiere ser su amigo, según dice, pero empezará a molestar primero, y a dar miedo después. Omnipresente, con un conocimiento cínico y preciso de cuanto ocurre, a cierta altura ya no parece siquiera humano. ¿Encarna una idea, quizá?, ¿la Conciencia?, ¿el Otro Yo?, ¿la Serpiente, como cabe suponer en la visita a un lugar espurio? ¿O es el enviado (o Enviado) de los socios externos, para manejar a su modo la empresa, captando o reubicando el personal? Ninguna interpretación elimina del todo a las otras. En cualquier caso, como posible Serpiente (y a diferencia del aparatoso «El abogado del Diablo»), acá el tipo puede imponerse sin orgías babilónicas, grandes demostraciones de poder, ni ofrecimientos desmedidos. Le basta empezar gentilmente, regalando algo sencillo. Pero ya se sabe cómo son las ofertas de lanzamiento: la primera te la regalan. Todo lo demás te lo pueden cobrar bien caro.

Fábula moral para estos tiempos, «El corredor nocturno» es una película inquietante, bien hecha, muy bien actuada.

Miguel Ángel Solá, formidable, preciso, con mínimos gestos pone el peso de su presencia en cada escena, y el peso de la levedad en cada sentencia, por ejemplo cuando ante las dudas del joven ejecutivo le recuerda que «Subir es difícil. A bajar, todos te ayudan». Leonardo Sbaraglia, Ricardo Díaz Mourelle, el contador que recuerda ciertas formas de ascenso, Marta Lubos, desquiciada y resentida viuda de un directivo cuya muerte abrió espacio para otros, Vicente Manuel y Roberto Vallejos, un ex policía y su hijo, Luciano Cáceres, como una suerte de contracara del protagonista, Erica Rivas, esposa mitad alerta y mitad cómplice por aceptación, integran el elenco. Música, Lucio Godoy. Adaptación, muy elogiable, Nicolás Saad, sobre la novela de Hugo Burel, que apenas termina le película ya dan ganas de salir a comprar el libro.

Director, en párrafo especial, Gerardo Herrero, notable productor (basta recordar su participación en «El secreto de sus ojos», «Las viudas de los jueves»), menos valorado como director, rubro en que suele ser algo irregular. De las recomendables que hizo, merecen el mayor aprecio «El misterio Galíndez», «Heroína» (lucha de una madre contra la droga), «Las razones de mis amigos» (incidencia del préstamo de dinero en la amistad) y ésta que ahora vemos. Ésta es de las buenas, en todo sentido.

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