30 de noviembre 2009 - 00:00

“Sólo el humor nos mantuvo vivos bajo el comunismo”

Cristian Mangiu: «Mi práctica empezó con películas americanas clase C que se filmaban en Rumania, con dragones, hombres lobo, fue una buena práctica».
Cristian Mangiu: «Mi práctica empezó con películas americanas clase C que se filmaban en Rumania, con dragones, hombres lobo, fue una buena práctica».
Dentro de la muestra de cine europeo que va terminando en Buenos Aires, para presentarse luego en el interior, gustó particularmente la comedia satírica «Cuentos de la edad dorada», sobre la vida bajo el comunismo, escrita, producida y parcialmente dirigida por Cristian Mungiu (ganador en Cannes con «4 meses, 3 semanas, dos días»). Dialogamos con él.

Periodista: Ante todo, ¿cómo se pronuncia su nombre?

Cristian Mungiu: Con acento en la á, como ustedes. Los rumanos también somos latinos.

P.: ¿Y cómo surgen estos cuentos?

C.M.: Gracias al humor que nos mantuvo vivos durante aquella Edad Dorada, «época de aur», como se llamó oficialmente a los 80, justo la de mayor pobreza. Había racionamiento, pasamos hambre de veras, faltaban luz y gas, y al final había un solo canal de TV, emitiendo dos horas por día, casi por entero dedicadas a elogiar a Ceacescu. La propaganda era tan abrumadora como la cantidad de chistes populares acerca de la pareja oficial. Es que hacían cosas demasiado absurdas. Por ejemplo, el diario no podía sacar imágenes de cosas filosas, como agujas o tijeras. ¡Sólo Freud o Buñuel podrían explicar esa prohibición! Luego, la ley que prohibió todos los anticonceptivos y el aborto, porque Ceacescu creía que, cuanto más rumanos hubiera, más importante sería Rumania. Daba medalla de madre heroica a quien tuviera diez hijos. Hubo un baby boom, pero también medio millón de muertes por abortos improvisados. Y quedó mucha ignorancia. Hoy la gente se fue al otro extremo, y el aborto legal es la primera opción anticonceptiva, se operan como si tal cosa.

P.: Vamos a los «Cuentos» propiamente dichos.

C.M.: Son dos films de episodios, con varios directores: uno con historias del uso absurdo del poder, que es éste que traje, y otro, en preparación, con episodios de amor, de cómo el régimen interfería en el amor. Ahí pondré «La chica del pavo» (la que lleva un regalo al médico de su madre), originalmente inserta en otra de episodios, «Perdido y encontrado», que compitió años atrás en Mar del Plata.

P.: Ese episodio era el mejor. ¿Cómo fue vivir bajo el comunismo?

C.M.:
Hubo diversas etapas. Nuestros mayores pasaron la peor, cuando en los 50 arrestaban a cualquiera en la calle y lo encarcelaban sin juicio. Ceacescu asumió en 1965, y parecía un poco más abierto. Inclusive tuvo un momento de popularidad mundial en 1968, cuando se negó a enviar tropas rumanas a Checoslovaquia, como le pedía la URSS. Ahí lo visitaron Nixon y Giscard dEstaing, la reina de Inglaterra lo invitó a su palacio, etc.

P.: Acá vino en 1974, a entrevistarse con Perón.

C.M.: Era un turista fantástico. Tengo un libro de visitas oficiales con 200 fotos cuyo único motivo es Ceacescu saludándose con distintas personalidades mundiales, tipo «famosos que me conocieron». Pero en 1972 hizo una desafortunada visita a China, y digo desafortunada porque volvió con el modelo de los grandes actos en estadios llenos de banderas y gente vivando su nombre. Aumentó el culto a la personalidad.

P.: ¿Al menos era carismático?

C.M.: Realmente no. También aumentó la censura y las pautas a los artistas. Pero la vida era bastante estable, la economía parecía segura, podíamos ir a la iglesia, viajar al exterior (el exterior eran los otros países socialistas), en el mercado negro conseguíamos sin mayor problema libros y videos prohibidos, y varios objetores fueron autorizados a irse. Hasta que el sistema económico cedió y todo empezó a derrumbarse. Yo tenía 21 años cuando cayó el régimen.

P.: ¿Es cierto que murió de la forma como dicen?

C.M.: Lo grave no es que lo hayan matado antes de llegar al paredón, sino que fue juzgado y condenado en una sola tarde, y muerto esa misma noche (justo Nochebuena) para evitar que sus secuaces lo rescataran. ¡Estaban a los tiros en la calle! Es que no cayó por una revolución popular, como se dice, sino por golpistas surgidos de su propio partido, alentados por Rusia y EE.UU. Todo era inestable. Pero entre las ventajas inmediatas, pude ir a la escuela de cine. Antes era exclusiva para hijos de recomendados.

P.: Y empezó como asistente de producciones extranjeras.

C.M.: Sí, películas americanas clase C que se filmaban en Rumania, con dragones, hombres lobos, fue una buena práctica. También fui asistente de Bertrand Tavernier en «Capitan Conan», ambientada en la I Guerra Mundial, y de Radu Mihaileanu en «El tren de la vida», ambientada en la II.

P.: ¿Cómo era el cine bajo Ceacescu?

C.M.: ¡Le encantaba el cine! Le cuento una. Cierta vez unos tipos tuvieron la extraña idea de robar el Banco del Estado. Los atraparon, porque no podían escapar del país, y les prometieron no fusilarlos si aceptaban filmar un docudrama mostrando cómo habían preparado el robo. Se filmó en 35 mm., se estrenó con gran éxito, y después los fusilaron. Recientemente alguien hizo un documental sobre eso, y ahora están haciendo una con actores, en inglés. Parece un cuento, ¿verdad? Ahora, una historia de los 80, de las muchas que vengo recopilando.

P.: Lo escucho.

C.M.: En esa época, el gobierno impedía el traslado de quienes hubieran muerto fuera de su pueblo. No pregunte por qué. Entonces surgieron especialistas que vestían al muerto, le tiraban alcohol para que oliera a borracho, le compraban un pasaje, y lo llevaban en tren. La historia dice de dos que llevaban un viejo desde Bucarest hasta un pueblo de las montañas. Todo iba bien, hasta que se les dio por irse a tomar una cerveza. Llegando a las montañas el tren se sacudió, el viejo cayó entre las piernas de una chica sentada enfrente, el novio le dio un empujón al viejo, que golpeó feo y cayó al pasillo. «¡Lo matamos!» Les dio miedo, y lo tiraron por la ventanilla. Vuelven los otros. «¿Dónde está el abuelito?» «Ah, bajó en la estación anterior». En resumen, el tipo fue arrestado y condenado por matar un muerto. Es una historia real.

Entrevista de Paraná Sendrós

Dejá tu comentario