- ámbito
- Edición Impresa
Sommer, un hombre inquietante
La trama de «La historia del señor Sommer» adquiere relieve a través de la sensible labor de Carlos Portaluppi.
El señor Sommer es un personaje enigmático con quien el narrador de esta historia tuvo oportunidad de cruzarse en momentos claves de su infancia y adolescencia. Han pasado varias décadas desde entonces, pero los recuerdos siguen intactos y al abrir un viejo baúl las anécdotas se disparan, ricas en imágenes sensoriales y con destellos humorísticos propios de la mirada infantil (uno de los episodios más cómicos incluye a una severa profesora de piano que estornuda donde no debe).
El protagonista evoca a Sommer como un caminante inquieto y silencioso que por alguna extraña razón recorre toda la comarca de día y de noche, sin importarle las condiciones climáticas.
Ese individuo extraño que se negaba a conversar con sus vecinos y rechazaba cualquier tipo de ayuda -incluso en medio de una lluvia torrencial- pasa a ser el único testigo de este niño solitario y fantasioso que creyendo volar cayó un día desde las alturas de un viejo roble, derrotado por la fuerza de gravedad.
La figura de Sommer va creciendo a lo largo del relato hasta adquirir una dimensión inquietante, ya que a través de sus fugaces apariciones se adivina un alma torturada con la que el narrador -que ahora ronda los cuarenta años- termina identificándose. Al igual que aquel viejo paseante, él también quiso aislarse de su entorno, del que sólo menciona los gritos hostiles de su madre y de su hermano.
Sommer no llega a ser su alter ego pero sí una proyección de su inconsciente, esa sombra de la que hablaba Carl Jung para definir los aspectos ocultos o inconscientes de uno mismo que la conciencia se niega a asumir como propios.
El texto de Patrick Süskind (autor del monólogo teatral «El contrabajo» y de la novela «El perfume», un truculento best seller, ambientado en el siglo XVIII y luego llevado al cine en 2006) mantiene su misterio y su poder evocativo en la adaptación teatral de Guillermo Ghio. Pese a su impronta narrativa, la trama adquiere relieve a través de la sensible labor de Carlos Portaluppi que con su voz melodiosa y su gran expresividad revive las aventuras del niño y la compleja melancolía del adulto. El relato atrapa con su suspenso, despeja prejuicios e invita a la compasión.

Dejá tu comentario