5 de octubre 2012 - 00:00

Sommer, un hombre inquietante

La trama de «La historia del señor Sommer» adquiere relieve a través de la sensible labor de Carlos Portaluppi.
La trama de «La historia del señor Sommer» adquiere relieve a través de la sensible labor de Carlos Portaluppi.
«La historia del señor Sommer» de: P. Süskind. Adap. y Dir.: G.Ghio. Int.: C. Portaluppi. Vest.: P.Veloz. Ilum.: A. Antonutti, P. Armentano. (Teatro El Picadero).

El señor Sommer es un personaje enigmático con quien el narrador de esta historia tuvo oportunidad de cruzarse en momentos claves de su infancia y adolescencia. Han pasado varias décadas desde entonces, pero los recuerdos siguen intactos y al abrir un viejo baúl las anécdotas se disparan, ricas en imágenes sensoriales y con destellos humorísticos propios de la mirada infantil (uno de los episodios más cómicos incluye a una severa profesora de piano que estornuda donde no debe).

El protagonista evoca a Sommer como un caminante inquieto y silencioso que por alguna extraña razón recorre toda la comarca de día y de noche, sin importarle las condiciones climáticas.

Ese individuo extraño que se negaba a conversar con sus vecinos y rechazaba cualquier tipo de ayuda -incluso en medio de una lluvia torrencial- pasa a ser el único testigo de este niño solitario y fantasioso que creyendo volar cayó un día desde las alturas de un viejo roble, derrotado por la fuerza de gravedad.

La figura de Sommer va creciendo a lo largo del relato hasta adquirir una dimensión inquietante, ya que a través de sus fugaces apariciones se adivina un alma torturada con la que el narrador -que ahora ronda los cuarenta años- termina identificándose. Al igual que aquel viejo paseante, él también quiso aislarse de su entorno, del que sólo menciona los gritos hostiles de su madre y de su hermano.

Sommer no llega a ser su alter ego pero sí una proyección de su inconsciente, esa sombra de la que hablaba Carl Jung para definir los aspectos ocultos o inconscientes de uno mismo que la conciencia se niega a asumir como propios.

El texto de Patrick Süskind (autor del monólogo teatral «El contrabajo» y de la novela «El perfume», un truculento best seller, ambientado en el siglo XVIII y luego llevado al cine en 2006) mantiene su misterio y su poder evocativo en la adaptación teatral de Guillermo Ghio. Pese a su impronta narrativa, la trama adquiere relieve a través de la sensible labor de Carlos Portaluppi que con su voz melodiosa y su gran expresividad revive las aventuras del niño y la compleja melancolía del adulto. El relato atrapa con su suspenso, despeja prejuicios e invita a la compasión.

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