27 de diciembre 2010 - 00:00

Suba de combustibles sacude a Irán

Teherán - Una semana después de la dramática suba del precio de la nafta y otros bienes esenciales como el pan, el malestar por la decisión del Gobierno que dirige Mahmud Ahmadineyad crece entre la población, que comienza a atisbar un negro futuro.

Ardashir, un transportista que prefiere no revelar su apellido por razones de seguridad, es uno de los que más sienten los primeros efectos del polémico plan para suprimir los subsidios a la energía y otros productos básicos.

Injusto

En una estación de servicio de la ciudad, se queja en voz baja de que, en apenas siete días, llenar el tanque de su desvencijado taxi le cuesta un 60% más.

«Es injusto y antiislámico. El Gobierno incrementa el precio de los combustibles y a mí me obliga a mantener casi igual la tarifa. Si antes era duro llegar a fin de mes, ahora será imposible», protesta no sin cierto miedo.

Poco después de resultar reelegido en un controvertido proceso electoral, Ahmadineyad presentó al Parlamento un ambicioso plan para suprimir gran parte del sistema de subsidios establecido tras el triunfo de la Revolución Islámica.

Según el mandatario, se trata de un proyecto a largo plazo cuyo objetivo es modernizar la economía, promover el crecimiento y hacer competitivo al país.

Sin embargo, su ambición colisionó frontalmente con la Asamblea, que durante meses intentó sin éxito frenar la reforma, temerosa de que únicamente sirva para espolear aún más la rampante inflación y debilitar la ya precaria economía.

La Cámara le recrimina al presidente, además, la «falta de transparencia» y de «control parlamentario» de un plan que permitirá a las arcas del Estado ahorrar miles de millones de dólares.

El debate, que afecta a uno de los pilares del sistema islámico, amainó después de que el líder supremo de la Revolución, ayatolá Alí Jameneí, bendijera la aspiración del Ejecutivo.

Acusación

Con la luz verde encendida, el régimen advirtió que aquellos que se opusieran al retiro de los subsidios o pretendieran beneficiarse económicamente de esto, serían acusados de «sedición» y tratados de igual manera que quienes protestaron por la reelección de Ahmadineyad, que la oposición considera fraudulenta.

En este ambiente de crispación, el Gobierno comenzó en septiembre a reducir de forma paulatina la cuota mensual de combustible subsidiado.

La semana pasada la acortó de forma sustancial y ordenó el despliegue de las fuerzas de seguridad en las estaciones de servicio del país para evitar disturbios como los que en 2007 se desataron en Teherán y otras ciudades.

Además, un ejército de voluntarios islámicos «basij» -fuerza clave en la violenta represión de las protestas poselectorales- patrulla desde hace días para disuadir a aquellos que pretendan elevar los precios.

En un paso más para contener una posible rebelión, el Gobierno entregó por adelantado, asimismo, unos 80 dólares correspondientes a dos meses de la ayuda mensual en efectivo que ha prometido a cada ciudadano en compensación.

«Esto es insostenible. Si la nafta sube, todo tiene que subir en proporción. La compensación no nos resarcirá de las pérdidas», argumenta un mayorista de frutas en uno de los mercados del centro de la ciudad.

Frente al malestar, el Gobierno insiste en que el congelamiento de los precios es necesario para controlar la inflación.

Agencia EFE

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