26 de octubre 2011 - 00:00

Taller literario de “joven” Eco

Taller literario de “joven” Eco
Umberto Eco, «Confesiones de un joven novelista» (Bs.As., Lumen, 2011, 221 págs.)

TM Dado que empezó su carrera hace apenas tres décadas, cuando a los 48 años publicó «El nombre de la rosa», Eco se considera «un novelista muy joven y ciertamente prometedor, que hasta el momento ha publicado una cuantas novelas y publicará muchas más en los próximos cincuenta años». Así inicia, con su habitual mezcla de humor y erudición, de inteligencia y sarcasmo, esta especie de taller literario surgido en las conferencias que el filósofo italiano dictó en octubre de 2008 en el área Richard Ellman de lecturas de la Literatura Moderna de la Universidad Emory de Atlanta, Estados Unidos.

Haciendo un recorrido por elementos de sus novelas, el autor de «Baudolino» va desmontando el arte de la escritura narrativa. Descarta por falaz el marketinero concepto de «escritura creativa». Recuerda que «inspiración es una mala palabra que los autores tramposos utilizan para parecer intelectualmente respetables». Comenta que si bien para empezar un relato puede partir de una idea fecunda o de una imagen, que si bien la construcción del mundo narrativo determina el estilo de la novela, también puede surgir de una simple decisión y el deseo de contar. Claro que quien cuenta una aventura policial en un monasterio medieval es alguien que estudió el tema durante más de veinte años y tiene en fichas todos los escenarios, todas las ideas y buena parte de las aventuras que va a narrar. Y ahí lo fundamental lo imponen, como en todas las artes, las restricciones, las limitaciones de la historia que se cuenta, por ejemplo la coherencia de los personajes con los escenarios y el momento histórico de su aventura. Y si bien Eco da muchos detalles de cómo trabajó la mayoría de sus novelas, llega a un punto donde dice que no va a revelar todas las restricciones a las que se somete al escribir porque «para escribir una novela exitosa, es necesario mantener en secreto ciertas recetas».

Eco se confiesa un autor posmoderno en la medida que utiliza la ironía intertextual, las citas y referencias de otras obras, y en el texto aparecen reflexiones sobre la propia naturaleza de lo escrito en un diálogo con el lector. Explica que en sus obras se dirige simultáneamente a una minoría que entiende los guiños, una élite que usa códigos «elevados» y a un público de masas que usa códigos «populares». Para el autor de «El cementerio de Praga», «un texto es una máquina perezosa que desea implicar a los lectores en su trabajo, es decir, un artilugio concebido para provocar interpretaciones».

Los fanáticos del escritor italiano encontrarán ideas que ya han aparecido en otros libros suyos donde describe el arte de escribir, pero aún cuando estas «confesiones» tengan por momentos algo de repaso de temas y exploraciones del genial semiólogo, a cada paso el lector se enfrentará a un párrafo, a una nota, que ilumina la obra de Umberto Eco y es una clase sobre la habilidad de contar historias en el siglo XXI.

M.S.

Dejá tu comentario