14 de octubre 2013 - 00:00

“Tangos desaforados” por un audaz Pipo Pescador

Lejos del repertorio infantil que lo convirtió en un clásico, Pipo Pescador se anima ahora a un show para adultos en el que interpreta una larga lista de tangos de su autoría sobre todos los temas actuales imaginables.
Lejos del repertorio infantil que lo convirtió en un clásico, Pipo Pescador se anima ahora a un show para adultos en el que interpreta una larga lista de tangos de su autoría sobre todos los temas actuales imaginables.
"Tangos desaforados. Pipo Pescador (voz, piano). (La Botica del Ángel, 10 de octubre; repite 19 y 24/10).

Pipo Pescador
es un clásico de la canción infantil. Poco después de hacerse conocida la obra pionera de María Elena Walsh, la de este entrerriano, nacido Enrique Fisher, fue sin dudas la que hizo explotar un género que, antes, prácticamente no existía como tal. Más de dos generaciones se criaron escuchando piezas como "El auto de papá, "Zapatopato", "La canción del eco" o la "Marcha antisopas". Sin embargo, el artista -que también escribió libros dedicados a ese público- decidió poner un punto final y despedirse de los niños. Y luego de un período de ausencia de los escenarios, volvió ahora con el que, según sus palabras, era un viejo gusto que quería darse, el de mostrar sus propios tangos apuntados, claro, al público adulto.

Para el caso, eligió La Botica del Ángel, un lugar muy particular de Buenos Aires, bellísimo, extraño, barroco, recargado, que fundara y llevara adelante por muchos años el desaparecido Eduardo Bergara Leumann y que afortunadamente conserva su espíritu. Allí, en el espacio café-concert, Fisher/Pescador está ofreciendo un recital audaz, si consideramos lo que significa plantear un repertorio casi exclusivamente desconocido.

El núcleo del show lo constituyen una serie de piezas escritas por él mismo que hablan de temas actuales, y abordan lo político, lo erótico, las costumbres. Las cirugías estéticas, la "pendejocracia", la tilinguería de la clase media, las miserias humanas, el poder de la televisión y los noticieros, el psicoanálisis, el exceso de consumo de psicofármacos, la identidad sexual, el sida y los preservativos, los viajes de egresados o hasta un pequeño homenaje a Edmundo Rivero, son algunas de las cuestiones que encaró desde su humor ácido, quizá algo moralista. Las músicas, sencillas y muy semejantes entre sí, anclan en los primeros años del siglo XX, cuando todavía el tango estaba en proceso de explosión popular y carecía del enorme desarrollo arreglístico y orquestal posterior. Y sólo se sale del libreto de "lo nuevo", cuando aborda, sentado al piano, algunas piezas conocidas, como su muy buena interpretación de "Danzarín" de Julián Plaza que toca en el final.

Pescador es un cantante prolijo en la afinación aunque sin grandes virtudes canoras, lo que lo lleva a un canto casi sin ligaduras. Y es una pena que -seguramente por cuestiones presupuestarias- actúe acompañado por una pista y no por uno o más músicos en vivo que, sin dudas, mejorarían muchísimo la propuesta.

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