17 de marzo 2011 - 00:00

Terror con exceso de lugares comunes

Belén Rueda es la pobre mujer con ceguera progresiva de «Los ojos de Julia», film bien hecho y fotografiado, pero con un guión previsible e incoherente.
Belén Rueda es la pobre mujer con ceguera progresiva de «Los ojos de Julia», film bien hecho y fotografiado, pero con un guión previsible e incoherente.
«Los ojos de Julia» (España, 2010, habl. en español). Dir.: G. Morales. Guión: G. Morales, O. Paulo. Int.: B. rueda, L. Homar, J. Gutiérrez Caba, P. Derqui, J. Dalmau, F. Orella, B. Ruiz, C. Segura, A. Hermosa.

Doble o triple desgracia sufre el personaje del título en este thriller español. Se le muere la hermana y ella quiere investigar porque no se conforma con la teoría del suicidio que le dicen, se va quedando ciega por una enfermedad degenerativa que la obligaría a sufrir una imprescindible intervención quirúrgica con cierta incomodidad posterior, todo lo cual la deja bastante indefensa, y, como si esto fuera poco, un loco tiene aviesas intenciones hacia su persona y se constituye en amenaza evidente que nadie ve. ¿Podrá nuestra joven señora alcanzar la verdad sobre la muerte de su hermana, evitar el avance de su ceguera, y escapar del fastidioso asesino serial que la tiene en su agenda como próxima víctima?

Audrey Hepburn, Mia Farrow, Victoria Abril, han hecho de ciegas en peligro, con resultados que sus seguidores todavía continúan elogiando (Dorothy Maguire y Jacqueline Bisset, de mudas en peligro, ambas en una escalera famosa). Procurando sumarse a ellas, Belén Rueda hace de chicata en peligro, se inquieta, se mete en la boca del lobo, se estremece, se espanta, grita lo mejor que puede, escapa con tacos altos y baja visibilidad, tiene un marido amable que no le cree un cuerno y le mete los cuernos, una vecina anciana salida de alguna cinta de terror, en fin, cumple con todas las pautas del género y permite pasar el rato.

Precisamente, éste es un thriller de miedo y suspenso para pasar el rato sin seres paranormales y con una intriga, digamos, normal, donde también hay espacio (ay) para el clásico entretenimiento del público de este tipo de películas: descubrir con anticipación lo que va a pasar. La macana, en ese sentido, es que el público acierta demasiadas veces.

Ocurre que el guión es malo, previsible, incoherente, parece americano. Por suerte el director es bastante bueno, el director de fotografía es todavía mejor, ambos tienen buen gusto y se agradece, y la actriz es agradecida. Y predestinada. Cuando jovencita daba grititos y hacía morisquetas en los concursos de un programa televisivo. Ahora, con «El orfanato» y esta que vemos, comienza a ser un ícono para los amantes del miedo en castellano. Detalle curioso: junto a ella en «El orfanato» trabajaron el mismo fotógrafo, el músico, varios técnicos y el productor, que es Guillermo del Toro. Detalle penoso: trabajaron mejor, y tuvieron otro guionista.

También era mejor «El habitante incierto», la primera obra del director Guillem Morales. Ésta es la segunda. Quizá conviene anotar su nombre. Este muchacho tiene cierta habilidad para dirigir rubias asustadas, componer el cuadro y combinar recursos del pasatiempo americano, el giallo italiano, y, aunque suene raro, también los videojuegos de persecuciones, con todo lo cual puede que algún día haga una realmente buena.

P.S.

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