Todo en una baldosa

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La terminología bursátil no se ocupó de contar con un nombre para adjudicarle a aquello que -de ningún modo- se puede considerar una rueda de Bolsa. (Sin embargo, para designar ciertos circuitos paralelos -ya no utilizados- sí se describía como «bolsín» a tal ambiente.)

Apenas una disquisición para describir, desde ésta, qué sucedió -nunca ocurrió- en las transacciones de ayer. Que tuvo su justa coronación en reconocer un saldo Merval que por milésimas no concretó el «cero» limpito, absoluto, redondo. Fue un 0,08 por ciento el desnivel y donde se dio el gusto el mercado local de saborear, en su máximo del día, nuevamente la centena perdida y arriba de los 2.700 puntos. Pero recogió velamen y nunca se salió de la fastidiosa «calma chicha», sin viento alguno. El doble justo de bajas que de papeles con aumentos, 15 a 30, mientras en Europa seguían los azotes a los índices y

en Wall Street volvían con la «alquimia» de traducir plomo en oro y -a través de dato menor- estar en superficie. San Pablo vio todo desde afuera, otro feriado, completando una tarde a la que sólo le faltaban la sombrilla y la hamaca paraguaya, porque el desierto de arena todo lo cubría. Pasar raya a lo no visto, anotarse en lo estadístico como una fecha: blanca e inocua.

Para entender el tono apático de los precios, falta incorporar la visión de los negocios reunidos. Nada más que $ 26 millones de efectivo, lo que es oprimir el ritmo al máximo y buscando -como la Selección- alcanzar un empate, un «cero a cero». Que en el caso bursátil, pudo al fin concretarse. Martes de fiasco. La Bolsa, un «bolsín».

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