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Todos los frentes están abiertos
Japón -con la necesidad de reestructurar las políticas energéticas a escala planetaria-; la dramática persistencia de la
revuelta social y el sangriento caos político en los países árabes que jaquea el abastecimiento de petróleo y, también, la escalada de la crisis financiera en los países débiles de Europa llamada a agravarse con los anunciados aumentos en las tasas del Banco Central Europeo, lo que llevaría al euro a una nueva encrucijada. O sea, el clima de negocios se mantiene no tanto por la firmeza de la recuperación norteamericanaa, sustentada en mecanismos que no pueden mantenerse en el tiempo, sino en gran medida es una expresión de los miedos que hacen de EE.UU. para una mayoría de los capitales, el único refugio.
La escalada de los metales preciosos es en este sentido una señal elocuente de la incertidumbre reinante. El oro y la plata están alcanzando cotizaciones sin precedentes mientras el dólar se desvaloriza. La plata en un año aumentó un 120%. El oro casi un 30%, pero acumula un aumento en dólares del 456% en 10 años, porcentaje que se reduce al 200% si se mide los precios en francos suizos, o el 250% si se lo mide en euros, diferencias que ponen en evidencia que la caída del dólar no puede ser contenida aun gozando de todos los privilegios.
Duplicaciones
El petróleo muestra nuevos picos con un aumento anual superior al 50% en 12 meses con una duplicación de las cotizaciones registradas en mayo pasado. También se duplicó el precio del trigo y el maíz en los últimos 12 meses y se incrementó un 40% la soja en ese período.
El aumento de los granos, además del impacto inflacionario, alimenta la crisis alimentaria que avanza sin freno, retornando a los niveles de 2008, de forma que la paz social en el planeta parece una meta cada día más difícil de alcanzar.
En los países más débiles de Europa el financiamiento de la deuda exige pagar tasas cada día más caras que ya exceden las posibilidades de cumplimiento. De allí que cada vez más analistas consideran que será necesaria encarar la reestructuración de los vencimientos al menos en Grecia, Irlanda y Portugal ya que los planes de ajuste de estos países no resultan exitosos. Las tres grandes agencias de calificación (Standard & Poors, Moodys Investors Service y Fitch Rating) han dispuesto por ello fuertes rebajas de las calificaciones de estos países. Esa perspectiva de reestructuración se traduce en la inflexión en la curva de los tipos de interés. Mientras que normalmente es más caro prestar dinero a largo plazo que a corto, en el caso de los préstamos portugueses y griegos la tasa de 5 años es mayor a la de 10 años. Grecia tenía que pagar el 16% anual a cinco años contra un 12% a 10 años. Impagables en ambos casos. Los alivios transitorios que dependen de una declaración esperanzadora, recientemente fueron las autoridades del Fondo que aseguraron que España no necesita ser rescatada, se desvanecen rápidamente.
En cuanto al impacto global de la catástrofe en Japón no hay lugar para el optimismo. La reconstrucción en principio además de tiempo absorberá en forma sustancial el ahorro de los japoneses de forma que en principio habrá un vacío muy fuerte para el financiamiento del Tesoro norteamericano que sólo podrá ser llenado por más compras de la propia Reserva Federal lo que acentuará la vulnerabilidad del sistema.
En lo productivo, Japón, con un tercio de sus reactores paralizados y un cuestionamiento global a su política energética, enfrenta un desafío muy grande para recuperar su nivel de actividad. La mayor demanda de hidrocarburos resultante del retroceso de la energía atómica, proceso que está afectando no sólo a Japón, sumados a la especulación, lleva al precio de


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