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Tragicomedia de un tímido enamorado
«El hombre que corría tras el viento» marca el buen doble debut del cantante Ismael Serrano (en la foto con Jazmín Stuart) como guionista y actor.
El hombre corría tras el viento. El tímido ni siquiera corría, sólo suspiraba desde la ventana viendo pasar a la mujer de sus sueños, y luego, frente a ella, no sabía qué decirle, hasta que ella, bueno, seguramente la gente que sigue a Ismael Serrano ya sabe lo que pasa, porque lo habrá escuchado relatando todo eso en su cuento «La dulce Carola» (no confundir con el rock de Los Caballeros de la Quema, «Estupro. Dulce Carola», que es otra cosa). Para esa gente, corresponde advertir que la adaptación cinematográfica del cuento tiene unas cuantas variantes, casi todas positivas y muy atractivas.
Por empezar, lo básico. La historia no se ambienta en México DF y el camino a Acapulco, sino en Buenos Aires (una Buenos Aires linda, limpita, que da gusto vivir) y el camino a Ushuaia. No hay un coyote sino un lobo, y unos buenos bifes en vez de sopa de cebollas. La fuente de los suspiros no impone un silencio litúrgico, pero tiene una risa natural, muy personal y fresca, una risa que dan ganas de besarla. Y no pasan cinco años entre una parte y otra del cuento.
Pero además pasan muchas cosas nuevas. Por ejemplo, el protagonista confiesa sus fracasos amorosos harto ejemplares, surgen referencias bien aplicadas a Rostand y Cortázar, hay agradables momentos de comedia en el restaurante, se suman interesantes situaciones en una tanguería, un antiguo parque de diversiones, y una oficina de testeo laboral, y, sobre todo, se agrega un ciego amigo, o un amigo ciego, para el caso es lo mismo, que es todo un personaje, feliz creación de Pasta Dioguardi que en dúo con otro personaje inefable a cargo de Roly Serrano le irá dando inesperadas lecciones filosóficas a nuestro torpe enamorado.
Este papel queda a cargo de Ismael Serrano, que quizá no tenga el habitual psyche du rol de un tímido, pero sus seguidoras seguramente lo aceptarán como tal y querrán ponerse en la piel de Jazmín Stuart o Bárbara Lombardo para despabilarlo a gusto. En todo caso, buen debut del cantautor como actor y coguionista. Buen trabajo, asimismo, del realizador Juan Pablo Martínez, con una puesta muy cuidadosa, atenta al detalle exquisito, a la fotografía bien cuidada de paisajes, rostros, y escenarios. Dicho sea de paso, no es de extrañar que haya agregado un par de tangos como fondo de otras tantas escenas. La empresa que tiene con el aquí director de producción, Adrián Lorenzo, se llama Aguila Taura, y de ella han surgido «Los guardianes del ángel», evocando a Aníbal Troilo, y «Diálogos de poeta y bandoneón», con Horacio Ferrer y Raúl Garello. Tampoco es de extrañar tanta exaltación de la poesía, la imagen exquisita, las frases memorables y las mujeres en lo más alto. Por algo, cuando quiso estudiar cine, eligió la escuela de Eliseo Subiela.
P.S.


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