4 de enero 2017 - 21:27

“Tres hermanos”, o unas vacaciones fuera de lo acostumbrado

Cuentos que se encadenan a la manera de una serie de televisión en capítulos, la obra es un retrato de la vida rural con aspectos tiernos y siniestros.

Cross.”El cuento me gusta mucho por el impacto y la historia cerrada. La obra no es autobiográfica pero tiene algunos aspectos de mi infancia”.
Cross.”El cuento me gusta mucho por el impacto y la historia cerrada. La obra no es autobiográfica pero tiene algunos aspectos de mi infancia”.
Como en una serie de televisión, Esther Cross va entregando en "Tres hermanos", que publicó Tusquets, historias que protagonizan dos muchachos y una chica sobre sus vacaciones, dramáticas, fantásticas, en un campo familiar algo diferente de lo habitual. Escritora premiada, Cross es autora de "La divina proporción", "Kavanagh", "Radiana" y "La mujer que escribió Frankenstein". Dialogamos con ella:

Periodista: ¿Cómo surgió en usted la serie de cuentos de "Tres hermanos", que se vuelve una especie de novela que podría llamarse "Escenas de la vida rural"?

Esther Cross: Diría: fuertes escenas de la vida rural que fueron apareciendo como cuentos. El cuento me gusta mucho por el impacto y la historia cerrada. Iban apareciendo los mismos personajes, el mismo lugar, y era algo que me importaba explorar en extensión, internarme con intensidad. Era descubrir escenas dentro de mí y detectarlas en un escenario que se iba formando. Pensé que era como una serie, con eso que tienen algunas series de televisión. No las que cuenta una historia por entregas sino ésas en que se puede entrar y salir de episodios que son independientes y a la vez forman una unidad. Tal fue la aspiración, más allá del resultado. Era un poco arriesgado pero creo que vale la pena, cuando uno escribe, seguir esos pálpitos de escritura.

P.: ¿Cómo fue instalando relatos que tienen que ver con lo cotidiano, lo grotesco, lo fantástico?

E.C.: Aparecieron naturalmente y después los fui limando. A veces la veta fantástica me parecía excedida, o que no tenía mucho que ver. Quise dejarla porque tiene que ver con un registro de la infancia. Flannery O'Connor dice que "si uno sobrevivió a la infancia tiene material para escribir toda la vida". Se refería a estar mano a mano con el mundo de la infancia, que es un mundo sin un velo en el medio. Es un mundo asombroso, uno descubre la vida. Y la vida tiene tintes fantásticos como decía Bioy Casares. La vida está hecha por hechos concretos, por lo que pasó y también por lo que uno hubiera querido que pasara, por los sueños y las pesadillas. Sentí que esos momentos donde aparece lo fantástico valía la pena que estuvieran.

P.: ¿Con qué cuentos inició la serie?

E.C.: El primero fue "Negro", el del perro, el de ese padre ejemplar que tiene que dar el ejemplo y es llevado a un hecho casi sacrificial. El segundo "Los que volvieron", la historia de los chicos que salen de excursión y uno no vuelve. Es una historia que escuché cuando era chica y quise escribir muchas veces. Siempre me impresionó lo que viven esos chicos cuando vuelven y, además de cargar con eso que vieron, sufren las preguntas bien intencionadas de los grandes pero que los someten a revivir la escena, no saber qué hacer, sentirse culpables, y tener miedo. Nunca había podido entrarle a esa historia y tras contar la historia del perro, que esos chicos habían vivido, me venían bien para poder enfrentarlos al otro drama.

P.: Ese relato concluye con una serie de interrogantes.

E.C.: Hace varios años, gracias a Eduardo Berti, traduje a William Goyen, un escritor de Texas que escribía cuentos que sucedían en Nueva York, pero muchos en el campo. Era muy amigo de Carson McCullers. Y él hace algo raro en los cuentos, de pronto frena el relato y hace preguntas. A uno en un taller le dirían: no haga eso. No está bien si la pregunta frena el relato, pero es fantástico si las preguntas mueven el relato hacia adelante. En las relaciones humanas, hablando con una persona, uno se hace preguntas sobre ella, porque el otro siempre es un misterio. En "Los que volvieron" era como una sinceridad narrativa. Por más que uno esté moviendo hilos y cuando puede haciendo trucos, hay momentos en que el tema a uno le importa y lo conmueve, y quiere transmitirle eso al lector. Es un momento de sinceridad, y éste para mí era abismal, qué pasa con la muerte de un niño vivida por otros niños. A mí me surgían preguntas, y ponerlas hacían avanzar, ampliaban, el relato.

P.: ¿Qué tiene que ver con su vida las historias de "Tres hermanos"?

E.C.: Pasé con mis dos hermanos algunos veranos en el campo, no muchos pero fuertes para mí, contrastantes con veranos en la ciudad o en lugares de vacaciones convencionales. Estábamos más libres, fuera de la mirada adulta, era algo diferente. Todo tenía algo de aventura, de trágico y fuerte. Estaba el contraste con lo que se supone que es lírico del campo, el retiro romántico, y cómo realmente es, duro, oscuro, fuerte, y en esa época más.

P.: ¿Qué buscó con un libro tan distinto de los anteriores?

E.C.: Soy bastante discontinua. Hay algo autobiográfico pero no en lo puntual sino en ciertas impresiones de infancia, los miedos, los sueños, en revivir las sensaciones de aventura; la memoria como algo activo no como una nostalgia la relación entre hermanos, esa cercanía y distancia con los padres (que era muy de mi época, hoy se vive una relación distinta), una impresión palpable del tiempo, esa idea de Hartley de que el pasado es un país extranjero donde se hacen otras cosas, cosas que de algún modo al ser visitadas hoy resultan diferentes.

P.: ¿Ahora, qué está escribiendo?

E.C.: Estoy corrigiendo una novela, eso puede durar años. Por suerte tengo una primera versión, si no no puedo trabajar novelas, me cuestan mucho. Tengo que estar en un buen estado físico para poder escribir. Tengo un borrador que escribí de un tirón. Para escribir me dejo llevar por la historia, pero me siento en el asiento del piloto porque si no puedo divagar mucho, y pierdo tiempo, y ya no quiero perder tanto tiempo. Me dejo llevar porque si planeo mucho, como soy muy obsesiva, ya maté el borrador en la cabeza. Ahora tengo una novela, que comienzo a trabajar, donde está lo fantástico, pero trato de que se note apenas, un suceso siniestro familiar.

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