8 de marzo 2017 - 00:00

Un apasionante Ian McEwan

Un apasionante Ian McEwan
Un thriller apasionante, un policial clásico, pero mucho más. Una pareja de amantes prepara un crimen para quedarse con una mansión de siete millones de libras. Los complotados y la gestación del crimen se conocen poco a poco. A medida que los va descubriendo un ser que está a dos semanas de nacer. De todo uno se entera gracias al soliloquio, las reflexiones, las escuchas de un feto que está "cabeza abajo dentro de una mujer", de Trudy, de Gertrudis. Trudy, veinteañera lolita embarazada por John, su marido, editor de poesía, heredero de la fortuna familiar, del que está "momentáneamente" separada. Desde hace un tiempo su amante es Claudio, el hermano de su John, un agente inmobiliario, fatuo y banal. Desde las "incestuosas sábanas" donde gozan su madre y su tío, desde los datos que escucha, el niño no nato va armando el rompecabezas de la trama siniestra en que está implicado. Pretenden matar a su padre, hacerse de la fortuna, y deshacer de él, entregarlo a alguien y huir. Pero la trama siniestra está también en el mundo en que tendrá que vivir, en la avaricia neocapitalista, la corrupción bajo cada documento del poder, los inmigrantes desesperados, el desastre climático. Sí, McEwan reescribe la tragedia de Hamlet desde un Hamlet que está por nacer. Gorgias hace más de dos mil años sostuvo que lo extraordinario de la tragedia es que nos aparta de la conciencia de lo ficticio, aleja la incredulidad haciéndonos cómplices hasta de una criatura por nacer que reflexiona con sabiduría. McEwan sabe que "la vida es una sabia combinación de comedia y tragedia, y lo mismo debe ser la novela". Abduce al lector, lo instala en la fascinación del monólogo de un narrador insospechable, que desde el vientre que habita siente, como dice Shakespeare en "Hamlet", que "podría estar encerrado en la cáscara de una nuez y sentirme rey del infinito espacio, de no ser porque tengo malos sueños". Nos ofrece una novela negra negrísima, un irónico vodevil metafísico que muestra las delicias del sinsentido humano, todo mezclado con ironía británica y cinismo proverbial, con comentarios de sibarita, de erudito, con guiños a Sterne, Joyce, Nabokov, Beckett, entre otros, y hasta con el juego de que el narrador se apellide Caiincross como un famoso espía británico. Ingenio, rigurosa ingeniería narrativa, desafío con glorioso final. Una vez más, el genial McEwan, en su libro 17, en su novela 14, rejuvenece, retoma sus títulos y honores, sorprende, deslumbra.

Máximo Soto




=Ian McEwan "Cáscara de nuez" (Bs. As., Anagrama, 2017, 217 págs.)

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