17 de abril 2015 - 00:00

Un Bafici en tono menor pero bueno

El cuarteto de amigas que sigue reuniéndose tras 60 años de haber terminado la secundaria protagoniza el encantador film chileno “La Once”.
El cuarteto de amigas que sigue reuniéndose tras 60 años de haber terminado la secundaria protagoniza el encantador film chileno “La Once”.
Una joyita se vio ayer en la sección Panorama del Bafici. Y también una buena dentro de la competencia nacional, lo que en este festival constituye un promedio más que atendible.

Por supuesto, también se vieron unas cuantas interesantes fuera de competencia, entre ellas "Vida de perros", vieja comedia de Steno y Monicelli sobre los artistas de varieté, "Caricaturistes. Fantassins de la démocratie", "From Scotland with Love" y "Citizenfour", el documental que ganó el Oscar, sobre Edward Snowden.

La joyita se llama "La Once", y nos muestra unas dulces viejecitas que se juntan a tomar el té. Una vez por mes. Desde que salieron de la secundaria. Hace 60 años. Viejitas paquetas, memoriosas, de buen apetito y lengua afilada, graciosamente reaccionarias, del barrio santiaguino de Las Condes.

Sus charlas provocan sonrisas, ocasional espanto, y ternura. Sobre todo porque de a poco van apareciendo ciertos temas profundos, y porque, con el paso del tiempo, a cada reunión van llegando menos. Lo admirable es que no se trata de un cuento interpretado por actrices, sino de un documental. Que, coherentemente, se da este fin de semana cerca de la hora del té.

Autora, Maite Alberdi, de la Universidad Católica de Chile (lo que habrá contribuido para ganarse la confianza de esas dulces criaturas).

Pasemos a la nacional buena. Que tenía varios elementos para ser mala. Autorreferencial, con imágenes propicias al cine de arte y ensayo, registros endebles en Super 8, la voz poco cálida del narrador, experimentos de sonido, en fin. Pero con todo eso en contra, igual se hace muy atractiva, sensible, y deja pensando.

Asistimos a la paulatina y exhaustiva demolición de una casona de San Isidro. El hombre que la hizo, se marchó cinco años más tarde. Los hijos lo fueron siguiendo. La mujer se quedó largo tiempo sola con dos criadas. Pero, mientras allí vivieron, hacían "fiestas visconteanas", como las define el narrador, que es Javier Olivera, hijo mayor de Héctor Olivera, el "self-made man" que se convirtió en auténtico "tycoon" del cine argentino (cinco millones de espectadores asistían cada año a las películas del sello Aries).

La película no se llama "La casa", sino "La sombra". Habla del padre, del hogar materno, de una época del país, del lugar que uno mismo debe hacerse. Muestra por ahí unas tomas de camarita amateur que no son de la mansión, sino de una casita que alquilaban al principio, "un breve destello de una felicidad simple que luego no encuentro en los otros rollos de Super-8". Y, ya lo dijimos, deja pensando.

Este es también el primer documental sobre aspectos poco mostrados de nuestro cine. Hoy se presenta "Merello x Carreras", que promete todavía mayor emoción: Tita Merello registrada por Victoria Carreras en su última temporada de teatro y en charlas de sobremesa. También, "Cine de pueblo", con el regreso del maestro Martínez Suárez a Villa Cañás, la salita que reinagura, y los viejos amigos. Les siguen, "Narcisa" y "Reflejo Narcisa", sobre la experimentalista Narcisa Hirsh; "Tras la pantalla", retrato del inefable distribuidor, productor e intérprete Pascual Condito; "Un importante preestreno", picardías de distribuidores confesadas por ellos mismos, y "Canción perdida en la nieve", sobre los barilochenses que en 1954 hicieron un largo, "Canción de la nieve", dirigido por Guzzi Lantschner, el camarógrafo de la mítica Leni Riefenstahl que se vino aquí después de la guerra. Para amantes del esquí.

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