24 de junio 2016 - 00:00

Un Borges para sobre de azúcar

Un Borges para sobre de azúcar
Llegó ayer al subterráneo de Buenos Aires la costumbre, propia de redes sociales, de atribuirles a escritores de valía ciertas frases que están en las antípodas de su estilo. El Gobierno de la Ciudad debió reconocer su error al "plotear", en la estación San Martín de la línea C el pensamiento siguiente: "Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con todos tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad", con la firma "Jorge Luis Borges". Desde luego, tal idea propia de sobrecito de azúcar, de galleta de la suerte o de aforismo para quinceañera pre-digital jamás fue expresada por el autor de "El idioma analítico de John Wilkins". Ni Carlos Argentino Daneri, ese autor imaginario en quien Borges encarnó la ramplonería literaria, la habría rubricado.

No es ésta la primera vez que se cargan sobre las sufridas espaldas de Borges frases tan alejadas de su genio y figura, y no sólo en el subte. En 2012, nada menos que la escritora mexicana Elena Poniatowska, ganadora del Premio Cervantes, cayó en igual error en uno de los artículos publicados en un colosal volumen conmemorativo dedicado al autor de "El Aleph". Poniatowska le atribuyó a Borges el poema "Instantes", ese mismo que no deja de aparecer a su nombre, de manera viral, casi desde la invención de internet, y en el que se leen líneas como "si volviera a vivir nuevamente mi vida comería más helados y menos habas". Esto provocó la furia de María Kodama, quien reclamó una reedición corregida de ese libro. Resulta muy extraño que ese poema, que figura también en varias antologías online de poemas para enamorados, pueda ser confundido con el estilo de Borges. Y no sólo eso. A quien conozca algo de su biografía también deberían encendérseles las alarmas porque Borges detestaba los helados. Lo suyo era el dulce de leche. Y el arroz.

Más extraño resulta que no se aplique, en la cultura pública, un rigor que sería imposible reclamar en las redes sociales, tan prontas a conmover a sus lectores con frases sensibleras, como aquella que se atribuyó (y se sigue atribuyendo) al ateo José Saramago: "Hijo es un ser que Dios nos prestó para hacer un curso intensivo de cómo amar a alguien más que a nosotros mismos".

M.Z.

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