30 de diciembre 2016 - 22:28

Un día después de su hija murió Debbie Reynolds

La fatalidad que atravesó esta semana la familia Fisher conmueve a todo Hollywood. Internada pocas horas después de la muerte de Carrie, el adiós de la actriz de la edad de oro del musical fue veloz. Ambas acababan de protagonizar un documental sobre su vínculo, que emitirá el canal de cable HBO.

El hoy y el ayer. Debbie Reynolds murió a los 84 años. Debajo, su hija Carrie la observa actuar en un show que tuvo lugar en Las Vegas.
El hoy y el ayer. Debbie Reynolds murió a los 84 años. Debajo, su hija Carrie la observa actuar en un show que tuvo lugar en Las Vegas.
Los Ángeles - Dentro del género musical, había poco que se le escapara a Debbie Reynolds. Cada paso, cada movimiento corporal, cada gesto de la actriz alcanzaba una perfección milimétrica ante la cámara. Ya fuera presa de la tristeza o radiante de felicidad, Reynolds se convirtió en una de las actrices más populares del Hollywood dorado. Un Hollywood del que en la noche del miércoles se despidió a los 84 años, un día después de que falleciera su también famosa hija, la actriz Carrie Fisher.

Debbie Reynolds tenía talento. Sin embargo, esta hija de un carpintero de El Paso, Texas, tuvo que pelear duramente para llegar al estrellato. Tras ganar un concurso de belleza, los estudios Warner Bros se fijaron en aquella bonita rubia, pero pronto consideraron que no era apta para el negocio y le cerraron las puertas. Ella no se inmutó: llamó rápidamente a la competencia, la Metro-Goldwyn-Mayer, y volvió a realizar nuevos castings. Tras varios papeles menores, el éxito llegó gracias a Gene Kelly: el actor, bailarín, cantante, coreógrafo y cineasta reconoció los valores de la joven actriz nacida como Mary Frances y conocida como Debbie. Y en "Cantando bajo la lluvia" (1952), protagonizó entre los charcos una de las escenas más famosas del género musical. De la noche a la mañana, Reynolds era una estrella. Uno de los números antológicos de esa película fue "Good Morning", que cantan y bailan ambos junto a Donald O'Connor, el otro gran bailarín y actor que compuso el terceto protagónico del film de Stanley Donen.

Debbie Reynolds tenía 28 años cuando realizó el que sería el papel más importante de su carrera. Pese a las clases de baile, aquella película le supuso un desafío hasta el límite de sus fuerzas. Décadas después, aún recordaba cómo le dolían los pies hasta salirle sangre durante los tres meses de ensayos.

"'Cantando bajo la lluvia' y el parto fueron lo más duro que he hecho jamás", escribió en su autobiografía de 1988 "Debbie".

Aunque Reynolds participó en decenas de películas, entre ellas comedias y thrillers, el musical siempre fue su fuerte. "The Unsinkable Molly Brown" ("La inconquistable Molly Brown", 1964) y "Divorce American Style" ("Divorcio a la americana",1967) le valieron nominaciones tanto a los Globos de Oro como a los Oscar, y con "Tammy", el tema central de la película "Tammy and the Bachelor", de 1957, se alzó con un disco de oro. Convertida en un imán para la taquilla, Reynolds también logró notoriedad con sus intervenciones en televisión y en musicales de Broadway sin dejar de hacer cine. En 1992, realizó una pequeña aparición en "El guardaespaldas", el film que protagonizó Whitney Houston. Gracias a su carisma consiguió ya en sus años maduros varios papeles de reparto, aunque nunca volvió a brillar como en la edad de oro del musical.

En lo privado, la vida de Reynolds transcurrió entre turbulencias. Su matrimonio con el famoso cantante Eddie Fisher, del que nacieron Carrie y el después productor Todd, acabó destruido cuando él la abandonó por Liz Taylor. Que pese a su faceta de madre continuara con su carrera fue un pequeño shock en los Estados Unidos de entonces. "Cuando era pequeña, no podía creer la suerte que tenía", recordaba Carrie Fisher. "Esa maravillosa e ingeniosa estrella de cine era mi madre. Ir por la calle con ella era como estar en un desfile. En público, tenía que compartirla. Pertenecía a todos".

Después, Reynolds se casó con un rico propietario de una cadena de zapatos, cuya bancarrota y deudas por su afición al juego le hicieron perder su millonario patrimonio. Tampoco su tercer matrimonio con un empresario del sector inmobiliario acabó bien: tras el divorcio, en 1996, la actriz tuvo que solicitar un concurso de acreedores cuando el hotel y el casino de ambos en Las Vegas quebró. La actriz siempre siguió vinculada al mundo del espectáculo, cuya herencia se esforzó en preservar. Adquirió unos 5.000 trajes y recuerdos del Hollywood clásico, entre ellos el bombín de Charlie Chaplin, una vaporosa falda de Marilyn Monroe o el atuendo que Richard Burton lució en "Cleopatra". La subasta de aquella colección única, en 2011, se debió principalmente a problemas financieros después de que además hubieran fracasado los planes de crear un museo en Hollywood.

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