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Un festín de lo mejor de la danza rusa
Al igual que «tango argentino», «ballet ruso» es una categoría que suele englobar espectáculos de muy distinta calidad, y nuestro país ha conocido varios de ellos. Con gran esfuerzo de producción (y difusión), la ex bailarina Irina Zyrianova, residente en nuestro país, ideó el espectáculo, que como toda gala coreográfica implicó un festín del virtuosismo, la energía y la depurada técnica que caracterizan a la danza rusa, y una saludable variedad de estilos y lenguajes.
La oferta (con la participación de 15 solistas del Bolshoi y 25 miembros del Ballet Clásico de Moscú) incluyó algunos de los fragmentos favoritos del público y otros «sui generis», además de un acto completo: el llamado «de las sombras» de «La bayadera» que inició la velada, donde la solvencia y seguridad de Anna Nikulina se alzaron incluso por sobre la performance de su partenaire, el excelente Alexander Volchkov, secundados por un muy prolijo ejército de bailarinas, pese a la vacilación de algún «developpé».
A lo largo de la segunda parte (donde afortunadamente los números no fueron precedidos, como sí sucedió en la primera, por una superflua reseña argumental) se vieron célebres dúos de obras clásicas y neoclásicas, más la pieza de Posokov «Magrittomanía», sencilla y breve, y «Last tango», coreografía sobre «Libertango» de Piazzolla brillantemente interpretada por Elena Andrienko y Ruslan Pronin.
Sería imposible brindar una enumeración detallada del desempeño de cada pareja, pero se puede mencionar la vitalidad contagiosa de Alexander Smolyaninov (pas de deux de «Diana y Acteón» de Pugni-Vaganova) y Vladislav Lantratov (final de «Don Quijote»), perfectos en sus limpísimos saltos y pirouettes, al igual que la fabulosa Kitri de Evgenia Obraztsova, plasmando con brío los «fouettés» que hacen delirar al público de todas las latitudes. Los pas de deux de Aegina y Crassus y Phrygia y Spartacus, del ballet homónimo con música de Aram Khachaturian y coreografía de Yuri Grigorovich (actual director del Ballet del Bolshoi) tuvieron en Elena Andrienko, Alexander Volchkov, Anna Nikulina y Pavel Dmitrichenko a los intérpretes ideales. Sobre el final, y al ritmo del tercer movimiento de la «Sexta sinfonía» de Chaikovsky, todas las parejas se sumaron a un «fin de fiesta» digno del muy buen nivel del espectáculo, donde (con rubros técnicos correctos) el único protagonista fue el mejor ballet.
P.S.


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