14 de septiembre 2015 - 00:00

Un homenaje a la Piaf, más oficial que sanguíneo

Anne Carrere, gestos estudiados y buen profesionalismo para interpretar al Gorrión de París en su centenario, al lado, el infaltable y escenográfico acordeonista.
Anne Carrere, gestos estudiados y buen profesionalismo para interpretar al Gorrión de París en su centenario, al lado, el infaltable y escenográfico acordeonista.
"Piaf!! Le Spectacle". Actuación de Anne Carrere (actuación, canto). Con Arnaud Fuste (piano), Guy Giuliano (acordeón), Laurent Sarrien (percusión) y Frabrice Bistoni (contrabajo). (Teatro Gran Rex, 10 de setiembre).

Edith Piaf
(Édith Giovanna Gassion, como se llamaba en realidad) fue un personaje de película. Tuvo una infancia difícil en una París menos glamorosa que la actual, llegó a convertirse en el "gorrión" mayor de una ciudad que la siente su prócer, y murió prematuramente, con un final también complicado de adicciones y dolores de amor, con apenas 47 años. El próximo 19 de diciembre se cumplirián 100 años de su nacimiento, y es esa una buena excusa para que la cantante y actriz Anne Carrere salga al mundo con un espectáculo que la evoca.

"Le Spectacle" tuvo en Buenos Aires una única función, auspiciada por la Embajada de Francia, con muchos invitados entre el público y con una sala enorme que fue desproporcionadamente grande para la expectativa creada. La propuesta dice estar inspirada en "La Môme", la película de Olivier Dahan de 2007, protagonizada magistralmente por Marion Cotillard, que en España y aquí se conoció como "La vie en rose". Pero, más allá del cambio de lenguaje, de la pantalla al escenario, no hay mucho para comparar.

El show está dividido en dos partes. Una primera en la que Piaf circula por las calles de Montmartre (el fondo de pantalla tiene fotos de época que lo aclara, por las dudas) intentando ganarse la vida. En la segunda, aparece la artista internacional, la genial y la conflictiva, la del Olympia, la del gran éxito y la del sufrimiento otra vez profundo.

Anne Carrere se muestra respaldada eficientemente por un cuarteto de músicos, en formato acústico y con el infaltable acordeón francés. Y ella misma es correcta. Atravesando la vida de aquella mujer increíble, se escuchan "Mon Dieu", "Milord", "Padam Padam", "L'Hymne à l'Amour", "La vie en rose", "L'Accordéoniste", "La Foule", etc. Carrere, aunque en algunos reportajes dijo no buscar el parecido, intenta imitar el particular modo de canto exagerado en las consonantes de la Piaf, aunque no tanto en lo físico. Se mueve por el escenario con soltura profesional y movimientos marcados y ensayados. Navega entre el espectáculo dramático y el recital de canciones. Y cumple.

Pero claro. Hay muchos ejemplos, desde la película evocada -que le hizo ganar merecidamente un Oscar a Cotillard- hasta nuestra Elena Roger, que hace pocos años hizo una evocación excelente. Y entonces, lo de Anne Carrere, termina siendo un recuerdo correcto, oficial, solvente, pero con menos profundidad y sangre que otros muchos que hemos visto.

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