La oposición llevaba mucho tiempo preparando este 30 de junio, el día en que se cumplió su primer aniversario en el cargo y el día en que sus opositores querían que se convirtiera en el de su salida.
El país entero entró ayer en una especie de estado de excepción: miles de opositores se dirigieron a la capital El Cairo para reunirse en la legendaria plaza Tahrir, epicentro de las protestas que terminaron con Hosni Mubarak a comienzos de 2011. También en otras provincias, desde el Mar Rojo hasta la costa del Mediterráneo, hubo manifestaciones. Ayer fue un gran día para el movimiento de protestas: desde comienzos de mayo reunió firmas contra Mursi y ya tiene más de 22 millones, casi diez millones más que el número de votos con los que Mursi fue elegido en las elecciones presidenciales.
Pero también los islamistas defensores del presidente se congregaron ante una mezquita, no lejos del palacio presidencial. La Hermandad Musulmana y otros partidos islámicos rechazan la dimisión de su jefe de Estado, elegido democráticamente, y quisieron mostrar su apoyo al mandatario. Sólo los radicales salafistas se mantuvieron al margen.
El país está dividido y las masivas tensiones sociales amenazan con descargarse. Ya en los últimos días se habían producido enfrentamientos violentos que costaron la vida a siete personas. "Egipto, dominado por el miedo", describía la atmósfera el diario estatal Al Ahram.
En los lugares en que se reúne la oposición, Mursi era recibido con euforia hace un año. En la plaza Tahrir, el islamista juró entonces el cargo, antes de hacerlo formal y oficialmente ante el Tribunal Constitucional. Además, Mursi prometió ser el presidente de todos los egipcios, una promesa que muchos ven rota: Mursi no se ocupa ni de la difícil situación económica ni de los problemas sociales y su único interés es garantizar el poder a su Hermandad Musulmana, denuncian los manifestantes. Lo que aún está poco claro es el papel que desempeñarán los militares: Mursi restó poder y competencias al Ejército tras su llegada a poder, pero depende también de su ayuda.
El ministro de Defensa, Abdel Fatah al Sisi, anunció recientemente que el Ejército no permitiría que los grupos políticos rivales destruyan el país. Si la lucha de poder se sale de control, los militares intenvendrán.
El diario Al Shoruk recordó esa palabras y tituló: "El plazo se acaba", refiriéndose a que el Ejército espera órdenes.
| Agencia DPA |


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