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Un “Rito” armado para el lucimiento de Hopkins
En «El rito» hay varias escenas realmente aterradoras que logran atemperar los altibajos de una historia armada artificiosamente alrededor de Anthony Hopkins.
Este es el tipo de film de terror que se toma a sí mismo demasiado en serio. Sin embargo, tiene una escena antológica de humor negro solapado, digna del titulo de Sir que ostenta desde hace rato Anthony Hopkins: su gran cura, el padre Lucas está metido de lleno en un exorcismo delicadísimo como pocos, dado que la poseída es una adolescente embarazada de su propio padre, y en el momento culminante de evidencia satanica, al jesuita le suena el celular y él lo atiende con total naturalidad, explicando algo asó como «ahora no puedo hablar, estoy muy ocupado».
No es un chiste. La escena da miedo en serio, y los detalles de este tipo, justamente, son los que hacen que este drama de terror religioso merezca verse a pesar de lo pedestre del conjunto. Es una pena que el conflicto entre el seminarista escéptico enfrentado a evidencias imposibles de negar, ofrecidas por un maestro que pasó demasiado tiempo expuesto al Mal, esté totalmente desaprovechado en términos dramáticos. Pero, los momentos que funcionan son contundentes. Si todo el film no estuviera armado artificiosamente a su alrededor, Anthony Hopkins hasta podría haberse lucido como un digno discípulo de Max Von Sydow.
Sin que se sepa bien de que va su personaje, Rutger Hauer se las arregla para estremecer con cada una de sus ambiguas apariciones, casi siempre en flashbacks, e incluso en escenas en off, aportando escalofriantes voces telefónicas.
De todos modos, el pobre mártir que se banca toda la película, tanto en las escenas que funcionan como en el gran relleno general, es Colin ODonoghue, que luego de esta prueba de fe parece estar destinado a grandes cosas.


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