5 de abril 2016 - 00:00

Un seductor cosmopolita pero “a la española”

El español Emilio Sagi hará su primera régie de “Don Giovanni” desde hoy en el Colón: “La quise ambientar en los años 50, para acercarla a nosotros y que se entienda la universalidad del mito”.
El español Emilio Sagi hará su primera régie de “Don Giovanni” desde hoy en el Colón: “La quise ambientar en los años 50, para acercarla a nosotros y que se entienda la universalidad del mito”.
Con el protagónico del barítono uruguayo Erwin Schrott (alternándose en el papel con Homero Pérez-Miranda) y dos grandes elencos de figuras nacionales e internacionales, vuelve a subir a escena hoy en el Teatro Colón a las 20 "Don Giovanni", la segunda de las óperas de la trilogía creada por Lorenzo Da Ponte y Wolfgang Amadeus Mozart. La dirección musical corresponde al francés Marc Piollet, la puesta en escena al español Emilio Sagi, la escenografía a Daniel Bianco, el vestuario a Renata Schussheim y la iluminación a José Luis Fiorruccio. Las "víctimas" de Don Giovanni serán en esta oportunidad Paula Almerares y Daniela Tabernig (Anna), María Bayo y Mónica Ferracani (Elvira) y Jaquelina Livieri y Marisú Pavón (Zerlina). El elenco se completa con Simón Orifila y Lucas Debevec (Leporello), Johnathan Boyd y Santiago Bürgi (Don Ottavio) y Mario De Salvo (Masetto). Las funciones serán hoy, el 8, 10 y 12 (primer elenco) y 6 y 9 (extraordinarias, segundo elenco). Dialogamos con Sagi, quien pone en escena por primera vez este clásico:

Periodista: Anteriormente le tocó montar aquí la ópera "Carmen", con un tema también ambientado en España, y en esa oportunidad recordó la frase de la canción "Yo soy la Carmen de España y no la de Mérimée". ¿Este Don Juan será el de Sevilla?

Emilio Sagi:
Un poco sí. En el libreto Da Ponte y Mozart buscan ese mito donjuanesco español, y lo que se verá aquí es bastante español. Yo lo soy, muchos del reparto también, otros son hispanoamericanos que tienen raíces españolas también, entonces hay una entidad en todo eso. Es un mito universal. Les pedí a todos que tuvieran un aire muy español pero no quiero que se malentienda como algo aflamencado. Las mujeres son muy particulares. Donna Elvira es una mujer locamente enamorada de Don Juan, y una mujer enamorada es capaz de todo, ella dice todo lo que se le ocurre. Donna Anna es una sevillana muy conservadora, y esa relación que tiene con Don Giovanni al principio, que no sé si se concreta o no, pero me parece que no tiene importancia, la altera totalmente, tuvo sensaciones que nunca había tenido, y además le matan a su padre. Esos caracteres son universales pero yo los planteé de una forma muy española. Don Giovanni busca en el amor de tantas mujeres un momento eterno. Tiene algo de poeta, pero también es un canalla: con los hombres es capaz de matar. Busca un mundo de amor, aunque luego sea un sinvergüenza. Es más español de austero y profundo que de "¡Ole, ole!"

P.: ¿La ambientación es clásica?

E.S.:
La quise ambientar en los 50 o 55: hay que hacerla cercana a nosotros para que se entienda la universalidad del mito y de la música de Mozart y el libreto de Da Ponte. El decorado es muy escueto, pero muy bonito y limpio.

P.: La relación entre Don Giovanni y Leporello ha sido explotada de distintas maneras. ¿Cómo la aborda?

E.S.:
Hay una teoría del doctor Marañón que dice que Don Juan es homosexual y que la única relación estable que tiene es con su criado, Leporello. Yo creo que hay un poco de eso, pero no creo que sea homosexual. Él busca en el amor otra cosa: quiere convertir las relaciones eróticas y sexuales en algo espiritual. La relación con Leporello es de amigos: lo trata mal pero en una forma divertida. Leporello está harto de que siempre le peguen, pero está ahí.

P.: Es un poco la relación entre un sádico y un masoquista...

E.S.:
Un poco, sí. En el fondo hay una amistad. Cuando llega la aparición sobrenatural y Don Giovanni sabe que es su fin, lo abraza a Leporello como diciendo "Amigo, esto se acabó.

P.: Es una obra particular porque es una ópera cómica pero con un dramatismo inusual en ese género.

E.S.:
"Dramma giocoso", dice Mozart. Creo que el subtítulo está muy bien. Y en eso pienso que es muy español. En el teatro español, todos los dramas son "giocosos": en Lope de Vega, el Duque de Rivas, hasta Valle Inclán hay algo de eso, porque son dramas terribles pero en el fondo también cómicos, hay personajes que hacen cosas graciosas y escenas con pícaros. Este título dice mucho, Es un drama pero con escenas divertidas, como cuando Leporello se disfraza de Don Giovanni y éste le dice lo que tiene que hacer. Doña Elvira es un personaje arrebatador pero que causa gracia, y lo enfatizo mucho en sus arias. Otra cosa importante es la diferencia de clases, porque Don Giovanni se permite lo que se permite porque es un señorito sevillano. Donna Anna es una señorita sevillana y Don Ottavio también, pero él es un personaje discreto, como "El discreto" de Baltasar Gracián, que primero piensa y luego habla. La diferencia de clases con Zerlina y Masetto tiene que ser bien notoria, de otra manera hay situaciones que resultan absurdas.

P.: Dijo que era una ópera complicada. ¿Por dónde pasa esa complejidad?

E.S.:
Es muy difícil de cantar, la orquesta tiene orquestas internas. Y es difícil de descifrar. En "Las bodas de Fígaro", por ejemplo, que es de los mismos autores, no hay un solo bache, pero aquí en el segundo acto hay tres arias seguidas, y se necesita un reparto maravilloso. Mi trabajo también es complicado, pero estoy muy contento de que el Colón me la haya ofrecido.

Entrevista de Margarita Pollini

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